Capítulo XXXII

2214 Palabras

Estábamos fatigados después de que tuviéramos que correr toda la noche huyendo de los enviados de la bestia sin embargo donde nos habíamos detenido había un árbol lleno de manzanas dulces del que comimos hasta saciarnos. Yo podía sentir la misericordia de Dios rodeándonos y era lo único que me tranquilizaba. Por la noche no hizo frío pero tampoco calor. Comíamos del fruto del pecado mientras absolutamente nadie decía una palabra sin embargo yo sentía que podía interpretar sus pensamientos. Ellos estaban aterrorizados. Se sentían en medio de un caos del cual ahora se encontraban en un bando específico que aunque fuera el correcto era también el más peligroso. Durante la noche a penas pudimos dormir en medio de las guardias pues teníamos que viniera la bestia o sus lacayos a acabar con

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