Si antes pensaba que los besos con Dante sabían a gloria es porque no había contado con este que estábamos compartiendo. Esto era lo más cercano a tocar el cielo con las manos. Su boca era posesiva sobre la mía marcando un ritmo suave que a la vez me ponía delirante. Sus manos se aferraban a mi cintura ocasionando que me sintiera protegida por él como nunca antes. Su lengua húmeda invadía mi boca deliciosamente causando que olvidara todo a mi alrededor hasta que ya no tuvimos respiración y nos separamos ligeramente. Fue ahí donde escuchamos las burlas de los chicos en lo referente al beso que habíamos compartido Dante y yo, mis mejillas enseguida se sonrojaron sin embargo Dante solo los ignoró tomándome la mano para después sacar su colchón en silencio. Luego de esto tiró de mi cuerpo

