CAPÍTULO 38

1974 Palabras

Sus dedos se enroscan en un punto concreto que hace que me estallen descargas en las rodillas y que me tiemblen las piernas por ello. Intento por todos los medios mantener los ojos abiertos, permanecer erguida. Hudson no me lo pone nada fácil cuando empieza a mover los dedos dentro de mí y a meterlos y sacarlos. Una y otra vez, hasta que me siento estirada, pinchada y dolorida de la mejor manera. Mi clítoris palpita en respuesta, aumenta de tamaño, y Hudson se divierte demasiado chupándolo como si fuera su caramelo favorito. —Hudson—. Su nombre suena como algo entre un gemido y una súplica. Siento que el estómago se me retuerce dolorosamente y me advierte de que estoy a punto de desmoronarme. —Yo... oh, por favor. —Usa tus palabras—, me exige y saca sus dedos de mí. Había cerrado los ojo

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