No estoy segura de quién de los dos se mueve primero. No estoy segura de quién agarra a quién. Pero de repente mis brazos rodean el cuello de Hudson y él me levanta por la cintura y entonces nuestras bocas chocan la una contra la otra. Nos besamos. Nos besamos como si estuviéramos compensando todo el tiempo que hemos perdido y todos los momentos que nunca daremos por sentados. Nos besamos como si fuera la respuesta a todo y creo que quizá lo sea. Mis tobillos se cierran con fuerza a su espalda cuando siento que se mueve, que nos lleva a algún sitio. No me importa adónde vamos porque estoy demasiado ocupada metiéndole las manos en el pelo e inclinándole la cabeza para que me abra la boca lo más posible. Sus labios son suaves al tacto, pero duros en la forma en que acarician los míos. Cont

