Capítulo 13

1063 Palabras
Mientras tanto, el grupo de Jorge llega a Guatapé, un pueblito de Colombia conocido por sus casas pintorescas. Como las mujeres necesitaban ropa, se dirigen con Jorge a una pequeña tienda. De repente, aparecen dos personas que se acercan a las chicas queriendo cortejarlas, Jorge se acerca a los hombres y le dice que no tolera la violencia. Acto seguido, los golpea y rápidamente se van de la tienda. Las chicas están asustadas y siguen a Jorge. ‒Hay cosas en la vida que no tolero y es que le peguen a una mujer. ‒No admito que le falten al respeto y menos a ustedes. Vamos a tener que encontrar la lancha ‒dice Jorge intentando calmar a las chicas que se encontraban muy asustadas por la escena. ‒La que no quiere ir en lancha se vuelve a la selva ‒amenaza Jorge sin expresion alguna en su rostro. Las chicas aceptan resignadas. Paran en un puesto de jugos y él les compra un jugo de naranja a cada una. ‒Enseguida las alcanzó ‒les dice cuando divisa a un hombre de estatura baja que tiene un bote amarrado a la orilla. ‒Necesito llegar a Panamá ya con estas chicas ‒dice Jorge entre susurros mirando de tanto en tanto al grupo de chicas. ‒¿Cuánto tiene? ‒pregunta el joven ‒Le doy $380 por todas. Somos seis. ‒dice Jorge. ‒No le va alcanzar con esa plata ‒dice el hombre mirando a Jorge. ‒Sin parar, directo ‒pide Jorge con apremio. ‒$450, son 3 horas y 15 minutos ‒ informa el hombre. ‒Está bien, acepto ‒dice Jorge. Una amiga de Seleni le cuenta a Roberto que ella trabajó en el salón de belleza durante tres meses, entonces Roberto decide ir hasta allí para averiguar por el paradero de su hija. Vanessa intenta echarlo del lugar. Roberto le entrega su tarjeta y le pide que le avise si llegara a verla. El grupo de Jorge sube a la lancha que lo llevará hasta la frontera con Panamá, las chicas están entusiasmadas de viajar en lancha ya que la.mayoria jamás había viajado por agua. ‒¿Es lindo Panamá? ‒pregunta una de ellas curiosa. ‒Panamá es un lugar muy bonito: lo van a pasar muy bien ‒dijo el dueño del bote sonriéndoles. El novio de Belén sospecha que Vanessa tiene que ver con la desaparición de Seleni. Le comenta sus sospechas a Roberto. Roberto le pide a Juan que, a partir de ahora, vigilara todos sus movimientos y no hablara con ella. El novio de Belén acepta el pedido de Roberto. Frida se encontraba en la habitación hablando con el médico del hotel: ‒Estaba todo bien, no entiendo qué le pudo haber pasado. De repente se cayó inconsciente ‒explica Frida asustada. ‒Al parecer tiene baja el azúcar- dice el médico -¡¿Es su esposa? ¿No sabe si tiene alguna afección cardíaca? ‒pregunta el médico extrañado. ‒No, no soy su esposa. Soy su novia ‒responde Sofía angustiada. ‒¿No puede ayudarme con algún dato? ‒le pide el médico a Sofía. ‒No lo conozco tanto ‒dice Sofía como disculpándose. -Busque en los bolsillos si encuentra alguna billetera con alguna identificación de este hombre -pidió él médico a Frida. Acto seguido, Frida revisa los bolsillos del pantalón de Alfredo en busca de su billetera, la abrió y se dispuso a buscar los documentos que el medico le pedía. Además de los documentos, descubre una fotografía de Alfredo con su esposa e hija. Sofía no puede creer lo que ven sus ojos: Alfredo está casado y tiene una hija. Sintió que el suelo se abría bajo sus pies. De repente se quedó sin aliento, sin saber cómo reaccionar ante la novedad. La esposa de Alfredo se viste y sale al vestíbulo del hotel para emprender la búsqueda de su esposo. Le pide al conserje la lista de los hoteles de Panamá cuando al volverse, choca con Frida quien había bajado en ese momento a la recepción a buscar a Alfredo. Frida se disculpa con Sonia y ella la tranquiliza. Frida no supo que acababa de chocar con la mujer de Alfredo, el amor de su vida hasta que de pronto, la asalto un recuerdo fugaz en su memoria. La mujer con la que se había chocado hacia unos minutos era la misma mujer que había visto en la fotografía de la billetera de Alfredo. Minutos más tarde, Alfredo se despierta desorientado. ‒¿Quién es usted? ‒pregunta al hombre que estaba a su lado. ‒Yo soy el médico del hotel, usted sufrió un desmayo. ¿Es la primera vez que le pasa? ‒pregunta. ‒Soy diabético y me descuidé mucho, no tomé la pastilla ‒explica Alfredo. ‒¿Dónde está la muchacha que venía conmigo? ¿Ella lo llamó? ‒preguntó Alfredo tratando de despabilarse del sopor que lo invadía aún. Le costaba pensar con claridad. ‒Sí, fue ella, dice el médico. ‒Le pedí que buscara en sus documentos sus antecedentes médicos, información sobre su identidad. ‒Al parecer vió algo sobre usted porque se asustó y se fue corriendo del hotel. ‒relató preocupado el médico. Alfredo resopla enojado, toma de la billetera la foto de su esposa e hija y la guarda en el bolsillo de su pantalón. Frida no sabía qué hacer: caminaba por las calles de Panamá desconcertada por el engaño de Alfredo. No podía creer la facilidad con la que había sido engañada. Una mezcla de angustia, desilusión y odio invadían su interior. ¿Cómo pudo haber sido tan ingenua de creer en sus palabras? Su amor por él la había enceguecido de manera tal que no se había percatado de averiguar quién era en realidad Alfredo. Se sentía angustiada y desesperada en una ciudad que le parecía enorme y desconocida. No tenía dónde ir y no conocía a nadie para pedir ayuda. Debía encontrar el modo de salir de allí cuanto antes. Al llegar a la esquina, encontró una cabina de un teléfono público, intenta hacer una llamada a Gregorio pero no lo consigue ya que la operadora le dice que no corresponde el codigo de llamada. Resignada decide volver al hotel, el único lugar conocido por ella.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR