Isla todavía estaba en la habitación cuando Dante habló. No se habían movido. No se habían tocado. El aire estaba tranquilo por primera vez desde la noche anterior. Y fue entonces cuando Dante decidió romperlo. —Hay algo que no te dije. Isla levantó la vista. —Eso nunca empieza bien. —No —admitió él—. Pero esto empieza siendo necesario. Silencio. —¿Sobre Helios? —preguntó ella. —Sobre ti. Eso la tensó. —¿Qué sabes de mí? Dante la miró con cuidado. Como si eligiera cada palabra antes de dejarla existir. —Sé por qué ese error del pasado te persigue tanto. Isla sintió que algo se cerraba en su pecho. —Eso no es posible. —Sí lo es —dijo—. Porque yo estaba ahí. Silencio. El mundo no hizo ruido. Isla tampoco. —No —susurró—. Tú no estabas. —No como me conoces ahora —respon

