La mano extendida

420 Palabras

El apartamento estaba demasiado silencioso. No era el silencio cómodo de antes. Era un silencio que marcaba distancia. Isla llevaba una hora fingiendo que trabajaba. El mismo correo abierto. La misma línea sin escribir. El mismo nombre evitado. Dante no había salido de la habitación de invitados desde la discusión. Eso no la tranquilizaba. Eso la inquietaba. A las 11:03, dejó de fingir. Se levantó. Caminó por el pasillo. Se detuvo frente a la puerta cerrada. Levantó la mano. Dudó. Golpeó. —Dante… ¿puedo pasar? Silencio. Luego: —Sí. La puerta se abrió apenas. La habitación estaba en penumbra. Dante estaba sentado en el borde de la cama, mirando al suelo. No parecía enfadado. Parecía contenido. Eso era peor. —No vengo a discutir —dijo Isla—. Vengo a… corregir. Dan

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