61. Aleksander arroja el informe de López. —Cálmate primo. —Buenos Aires no es demasiado grande como para que no puedan encontrarla. —A menos que no quiera ser encontrada… y menos por ti, primo —señaló Stefan con algo de saña, mientras jugueteaba con una de sus novias traídas de uno de los cabarets a los que suele asistir. —Necesito ponerla a salvo… —dice eso con un tono cargado de sentimientos hacia ella. Su pequeña Camila, la extraña, extraña verla cada día rebosante de alegría e inocencia y, en especial se culpa por que haya tenido que deambular pasando hambre, es algo inadmisible para él. —Mis chicas no la vieron… aún, pero soy optimista… en algún momento saldrá a la calle y alguna de ellas la verá… Eso si no se fue por la noche de vuelta a los lares, que al parecer le resulta m

