60. La semana había empezado con la presencia de una niebla en toda la ciudad. Nadie podía explicarlo. No era invierno, pero eso no lo sabía la niebla que a su gusto se había apoderado de Buenos Aires. Esa misma semana Frederic y yo nos amamos intensamente, no salimos del hotel hasta que una llamada, una que Frederic había estado esperando lo sacó de la cama a prisa. —Duérmete si ves que no llego para la cena —me dio un beso en la boca. Y ahora, Frederic todavía no regresaba. Sentía que me faltaba la mitad de mi alma, de mi cuerpo. Me incorporé para que cuando volviera me encontrara bonita. Tenía varios vestidos que él había elegido para mí. Eran todos muy hermosos y cuando me los ponía, me sentía una diosa. Toda la semana pasada habíamos visitado cada rincón de las laderas, junto a d

