47.

860 Palabras

47. Su pene flácido comenzó a revivir en cuanto comenzó a tocarme, tenía todas las intenciones puestas en volver a penetrarme, pero yo me hacía la cosquillosa y evitaba que lo hiciera, pero cuando se cansó de hacerlo por las buenas, comenzó a meterme sus dedos. —Mira a la zamba caliente… —dijo al ver que me retorcía. Me di la forma de alejarme. No tenía que resultarle fácil ganarme. —¿Qué haces? ¿Las puertas están cerradas, es inútil que intentes huir —vociferó. Se veía tan decrépito desnudo, que si en ese momento lo veían sus enemigos se burlarían de él, Pacheco estaba tan vulnerable que si yo habría sido astuta podría haberle hecho a la gallinita ciega y escapado, pero sin la medalla de Frederic no me iría a ninguna parte. —No quiero huir… —le dije resuelta—. Lo que quiero es ver si

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