48. Claro que me había olvidado de lo más importante en ese momento, el motivo por el que permanecía en el Rosa Blanca esos dos años y algo más… La medalla de Frederic. Me quería morir ahí mismo. Y sin embargo, ya era tarde para regresar. Cuando vi la oportunidad crucé la calle. ¿Qué había hecho? ¡Lo había arruinado todo, absolutamente todo! Pacheco jamás me devolvería mi preciada medalla. Pero estaba libre, y sin un céntimo en los bolsillos. Las calles me eran algo nuevo, luego de tanto tiempo aislada, encerrada. Un coche pasó cerca y me sobresalté. Por un momento consideré que lo mejor era regresar al cabaret, pero era muy tarde, seguramente todos sabrían que había huido de Pacheco. Me mandaría a matar, lo sabía. Estaba tan apartada del mundo que en ese momento no sabía qué hacer

