28. Cuando me desperté. Frederic se secaba con la toalla, se había dado un baño, y tenía los nudillos abiertos, no recordaba que los tuviera así cuando llegó. —¿Qué te pasó en las manos? —le pregunté con preocupación. —Descuida no duelen… —¿Seguro? —Como te dije. Estaba claro que se había peleado con alguien, o mejor dicho, que había golpeado a alguien, le miré el cuerpo y no tenía una sola marca de haber recibido un solo golpe. —¿A quién golpeaste? Frederic no me contestó una sola palabra al respecto. Me saqué aquello de la cabeza puesto que era habitual que no lo hiciera, fui a ver por la ventana y vi que el cuarto que ocupaba el hombre robusto y el zambo ya estaban vacíos. Se habían marchado. Éramos los únicos hospedados que se quedaban más de una noche. Era un hotel de paso y p

