29. No se detuvo ni cuando el encargado del hotel pareció vernos. Frederic continuaba besándome como si por mucho tiempo se hubiera contenido de hacerlo. A veces me hablaba en alemán: —Du bist so schön für mich —decía—. Du bist so schön für mich —repetía pero yo no entendía nada, y solo me limitaba a escucharle. Daría todo por saber lo que significaba... pero no me atrevía a preguntarle, por temor a llevarme una gran decepción. Partimos como había previsto, al día siguiente le hombre encargado del hotel se despidió, deseándonos que volvamos en otra oportunidad. Frederic detuvo el coche justo cuando íbamos de salida. —No te muevas. Olvidé algo allá —bajó y cerró la puerta con suavidad. Por el retrovisor vi que se dirigía al cuarto dónde descansaba el encargado. Una luz estalló dentro,

