El televisor permanecía encendido en el despacho de Raphael. Su atención estaba fija en la pantalla donde Lauren, impecablemente vestida, ofrecía una conferencia de prensa sobre uno de los casos más delicados de su carrera: una red de corrupción dentro del sistema judicial. Lauren hablaba con voz firme, pero sus ojos reflejaban un cansancio profundo. Cada palabra era precisa, controlada, como si su mente luchara por mantenerse unida mientras su cuerpo pedía descanso. —Nuestro deber es velar por la justicia sin excepción. Nadie, sin importar su poder o apellido, debe estar por encima de la ley. El aplauso fue inmediato. La transmisión terminó. Unos segundos después, la locutora comentó: —Impresionante la abogada Lauren, quien ha regresado con fuerza a los tribunales. Su discurso, lleno

