Lauren se levantó de la cama y, en silencio, se acercó a Raphael, quien aún dormía. Tomó su mano y la colocó suavemente sobre su vientre. Aquí está nuestro hijo, Raphael… Estoy segura de que sabrás criarlo bien. Cuánto desearía estar ahí en cuerpo, pero no podré hacerlo. Le soltó la mano con cuidado y le dio un beso en la frente. En ese instante, Raphael abrió los ojos. —Lauren… te amo. No te divorcies de mí, por favor. Sin esperar respuesta, la besó con desesperación. Ella, débil por dentro, respondió al impulso… pero en cuanto la realidad la golpeó, se apartó. —Aún me amas. Si no lo hicieras, me habrías rechazado. —Raphael la miraba fijo, casi suplicante. —Solo fue un momento de debilidad. Las cosas son más complicadas de lo que crees. —Entonces explícamelas. Ayúdame a entender.

