—A todo esto, referente a la situación con la que me pides ayuda ¿Por qué ellos se están negando? —Ambición, supongo —respondió Daniel, frustrado—. Lo intenté, pero no quieren ceder. La única que puede convencerlos eres tú, Lauren. —No te preocupes —dijo ella, segura—. Yo me encargaré. El día de la junta llegó. Lauren entró al salón de reuniones y de inmediato todas las miradas se posaron en ella. Vestía con sobriedad, pero su presencia era firme como siempre. —Buenos días, señores —dijo, dirigiéndose a la mesa directiva—. Es un gusto verlos nuevamente. Se sentó junto a Daniel, quien presentó el proyecto: una obra de caridad para llevar agua potable y servicios básicos a comunidades rurales olvidadas. Cuando terminó, Lauren tomó la palabra. —Me parece no solo un buen proyecto, sino u

