Geronimo Mi teléfono sonó. No necesitaba mirar la pantalla para saber quién era. —Sí. —Mi hermana exige hablar con Tina. Pude escuchar el rápido parloteo de Ivy. —¿Podrías esperar? —le dijo Daniel a su hermana. —Dile a ese hijo de puta que si no hablo con Tina ahora mismo llamaré a Nerio. —Vi que destruiste su teléfono. ¿Era necesario? —me preguntó Daniel. En lugar de responderle, dije: —Pásale el teléfono a tu hermana. —¿Tina? —demandó Ivy. —No. —Maldito. Si no hablo con ella en este instante… —Sé breve —dije. Le pasé el teléfono a Tina, ignorando la mirada fulminante que me lanzó. Miré a los ojos de Trevor por el espejo retrovisor. Pude ver su sonrisa en el arrugado de sus ojos. —Nada que ver aquí —le dije. —Claro, jefe. —No llames a Nerio —dijo Tina—. Primero déjame averi

