—Entiendo —dijo Alexander, procurador social, a la agente de policía a quien le había respondido una llamada cuyo objetivo era informar sobre la información obtenida de la señora Elena sobre otros familiares de la pequeña Antonia. —Entonces, ¿qué hago? —cuestionó la oficial de policía, que, aunque se había topado con casos complicados siempre, no le había pasado que no hubiera quien cuidara de una niña. —Pues, entonces hablemos con el padre. ¿Puedes conseguir su dirección? —Ya tengo su dirección, aparentemente él está en el mismo hotel, también —respondió la oficial y la incredulidad del hombre que la escuchaba sonó en una risa algo complicada de describir. —¿Están todos de vacaciones? —No, él vive aquí, pero su esposa trabaja en el resort y parece que, por motivos de salud, y par

