La noche había sido relativamente tranquila para Berenice. Antuán le había marcado, tal como le había prometido, para que ella les leyera un cuento, además de que había podido charlar con ellos por esa videollamada en que incluso había podido escuchar la vocecita dulce de Antonia, quien no se veía tan afectada como ella había creído que estaría; eso le había dado paz a su corazón. Aun así, había sido incómodo el resto del tiempo, y es que casi cualquier movimiento, incluyendo su respiración, era doloroso; no tanto como para quejarse, pero lo suficiente como para no poder dormirse. Y es que no era para menos, su cuerpo estaba molido, y tenía dos costillas rotas, así que el dolor sería inevitable por un tiempo, al parecer, sobre todo teniendo en cuenta que en su condición había muchos medi

