—Esto no va a terminar bien —indicó Berenice tras un suspiro, acariciando la cabecita de Diego, que descansaba recargada a su costado del lado que no estaban sus costillas fracturadas. Miriam, que había cuidado a Berenice y los chicos en esa habitación de hospital desde las cuatro de la tarde que había dejado el resort, había querido evitarlo, pero Berenice dijo que estaba bien mientras no fuera del lado en que estaba lastimada, por eso tenía a Diego abrazada al lado derecho de su torso, a Damián y a Denise abrazados a sus piernas, y a Antonia entre las piernas; los tres últimos con la cabeza hacia los pies de la cama. Y así era como Antuán los había encontrado cuando llegó a esa habitación de hospital después del trabajo: dormidos a todos, excepto ella, en la única cama en ese cuarto.

