Lo dicho, las dos mujeres mayores se ponían de acuerdo sin ningún tipo de dramas para mantener a “su” hombre contento. No tuve nada que decirle a Greta, en lo que tardó un parpadeo ya tenía mi v***a en su boca y se la tragó sin demasiadas florituras, pronto estuvo aplastando y alejando su nariz de mi pelvis y puso el cuerpo en transversal al mío para que pudiera jugar con mi mano en su v****a empapada y en su culito. Cualquiera de ellas me ponía a mil y no me valían cansancios anteriores, además, el “cambio de monta” siempre incentivaba un poco más. Los gemidos de Greta me enervaban, pero tuve que decirle que atemperara un poco porque la escucharían hasta los vecinos, se silenció aceptando con un movimiento de cabeza y le costó más debido a que mis dedos lubricados ya habían penetrado su c

