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2277 Palabras
Olivia Era el primer día de Universidad y yo lo sentía como si fuera la noche de navidad. Yo esperaba poder obtener algún día mi gran regalo, mi título profesional como Ingeniera en Administración de Empresas, con especialización en Marketing y Finanzas. Desde que quedé seleccionada para estudiar en la Universidad lo he sentido como un regalo de la vida. Literalmente un regalo, ya que estoy becada completamente para poder estudiar en una de las mejores Universidades de Madrid, lo que me tiene completamente expectante y ansiosa. Mi madre y yo siempre hemos estado solas, siendo el mejor equipo y si de algo estoy segura, es que debo salir adelante por ella, para poder darle todo lo que se merece y que siempre dejó a un lado por mí. Criar a una niña sola no es fácil y le agradezco el hecho de nunca haberse rendido conmigo y de dar la cara. Aunque hay ciertas cosas que ella no sabe, eso no significa que yo no confíe en ella, por el contrario, mi madre es mi gran confidente. —¡Olivia, ya vinieron por ti! —grita mi madre desde el primer piso. Sonrío de inmediato, porque uno de los plus de poder entrar a la Universidad es que mi mejor amiga también lo hará. Estaremos en la misma Universidad y eso tienes sus ventajas, como el hecho de que mi querida amiga se ofreció a pasar por mí, en su automóvil, todos los días por la mañana. Me miro en el espejo y la imagen que veo frente a mí me provoca aún más ansiedad. “¿Será esta la ropa adecuada?” me cuestiono. Acomodo mi blusa a cuadros color rosa, cerrando todos los botones y fijándome en que la prenda combina perfectamente con el jeans ajustado que traigo puesto y con mis fieles botines color café, los cuales son mis favoritos. Me veo normal, nada muy extravagante, ni tampoco desagradable. Tomo mi mochila y me la coloco en el hombro. Bajo las escaleras con rapidez, porque definitivamente la paciencia no es una de las cualidades que mi mejor amiga posea. Llego hasta la puerta de entrada y veo a mamá de pie, esperando por mí. Tiene una sonrisa de oreja a oreja, lo que me reafirma una vez más que no puedo fallar y que esto es el regalo que la vida me debía, luego de tanto sufrimiento. —Te aviso cuando mis clases terminen —digo con una sonrisa tímida. Mi madre asiente con la cabeza y me abre la puerta, con una clara invitación para salir de casa. —Todo irá bien, hija —sonríe con tranquilidad. Me acerco a ella y le doy un breve abrazo, para después caminar hacia mi mejor amiga, quien me espera sentada dentro de su automóvil. Veo como se baja el vidrio y de pronto me percato de la presencia de Hazel, el novio de mi amiga, sentado ahí, en el asiento de copiloto y mostrándome una sonrisa de suficiencia. No puedo evitar hacer una mueca con los labios al verlo, porque realmente ese chico me desagrada y me fastidia aún más el hecho que él también asista a la misma Universidad que nosotras, aunque él vaya un año arriba. Si pudiera decidir, preferiría que él no esté cerca de mí, pero claramente no es algo en lo que yo pueda intervenir, ya que es el novio de mi mejor amiga. Hazel es el típico chico lleno de tatuajes y popular, que se cree superior a todo el resto y que por cierto, no le ha ganado a nadie en la vida. Cuando él comenzó a salir con Amanda hace un año, realmente me sorprendí, porque no pensé que él se fijara en personas no populares, como lo era mi amiga. No quiero mal expresarme, mi amiga es una rubia hermosa, de ojos color celeste intenso, labios carnosos, rojos y piel perfecta, pero aun así, en el colegio nunca pertenecimos a ningún grupo popular. —¡Si no te apuras, te quedas abajo! —me grita Hazel con una sonrisa fingida. Ruedo los ojos con fastidio, realmente odiando el hecho de que mi mejor amiga haya decidido tener una relación con un ser tan insoportable como este chico. —Amanda no me dejaría aquí —le respondo con la misma sonrisa—. No creo que tú puedas decir lo mismo, Hazel. Llego hasta el automóvil y abro la puerta trasera, para subir y acomodarme en el asiento de atrás. Amanda se gira y estira su mano hacia mí, para luego chillar con emoción. —¡Es hoy, es hoy! —me da una gran sonrisa, la cual devuelvo con la misma emoción. Amanda y yo hemos sido amigas desde el jardín de niños y siempre nos prometimos cumplir nuestras metas juntas: ir a la misma Universidad, titularnos y vivir juntas. Ella siempre ha sido la hermana que nunca tuve. —Sí, sí, vamos a llegar tarde —dice Hazel con fastidio, cortando la emoción del momento. Bufo irritada, porque realmente este chico es un dolor en el culo. Veo como Amanda asiente con la cabeza hacia él, pero sin borrar su sonrisa del rostro y enciende el motor del automóvil, para comenzar con el recorrido hasta la Universidad. Espacio que por desgracia, Hazel también compartirá con nosotras. (…) No transcurren más de veinte minutos, cuando llegamos al campus de la Universidad. Es enorme y está lleno de áreas verdes, lo que realmente la hace hermosa por fuera. Aun no me adentro al campus y ya amo este lugar, la naturaleza hace que quiera quedarme por siempre aquí, mirando a mi alrededor como una niña pequeña. No sé si es la emoción del momento, pero realmente siento que este lugar se convertirá en uno de mis espacios favoritos de ahora en adelante. Nos bajamos del automóvil y Amanda toma la mano de Hazel de inmediato. Ella no me ha mencionado nada sobre el tema, pero estoy segura que está intentando marcar su territorio. Después de todo, Hazel sigue siendo un chico muy popular, y especialmente entre el público femenino. —El sitio de matemáticas está por allá —Hazel le señala a Amanda con el dedo índice un edificio ubicado en el centro de la Universidad—, ahí debes ir, cariño. Amanda asiente con la cabeza, pero no se mueve de su lugar. Me mira de reojo y veo la preocupación marcada en su rostro. —Aún queda un tiempo para que comiencen las clases —dice mi amiga. Se encoje de hombros y se separa de su novio para colocarse a mi lado. —El mío queda justo detrás del tuyo —le digo a Amanda, con una sonrisa. Observo como varios chicos y chicas caminan hacia la entrada principal, algunos a paso rápido y otros sin prisa. Se siente tan irreal, porque muchas veces pensé que no lograría obtener la beca para estudiar en este lugar con tanto prestigio. —En tu carrera hay muchos hijitos de papá, Olivia —menciona Hazel con las cejas alzadas, mirándome fijamente. Se cruza de brazos y me observa de arriba hacia abajo, lo que me hace arrugar las cejas en respuesta a su actitud—. Te aconsejo cuidar tu vestimenta, si es que quieres hacer amistades. Hay personas muy poderosas, con dinero y bienes. Me quedo de piedra ante su comentario tan clasista. —Vengo a estudiar, no a hacer amistades. Amanda carraspea a mi lado y se acerca a Hazel, para dejar un beso en su mejilla y sonreírle cálidamente, cortando así la discusión que probablemente terminaríamos por tener su novio y yo. —Creo que nos vemos luego, cariño. Iremos a dar una vuelta antes de ir a clases. Él asiente con la cabeza hacia mi amiga. Se acerca para depositar un casto beso en sus labios y luego comienza a caminar hacia su edificio, sin mirar atrás. —¿Podemos cambiarlo? —hago un puchero hacia mi amiga. Ella se ríe levemente y luego suspira. —Es un buen chico, solo a veces dice cosas sin pensar —lo justifica. Ruedo los ojos sin que ella me vea hacerlo. —Si tú lo dices… —murmuro entre dientes. Nos tomamos del brazo y caminamos hasta una enorme pileta ubicada en el centro del campus. Me siento en el borde, cuidando de no mojar mi ropa y Amanda se queda de pie a mi lado, para luego acomodarse y sentarse cerca de mí. —¿Crees que seré una buena contadora? —pregunta Amanda. Dirijo mi vista hacia ella y asiento con la cabeza, sin dudar. —Lo serás —aseguro. Observo como mi amiga abre la boca para responderme, pero de pronto una pelota se acerca a toda velocidad hacia nuestra dirección e impacta de lleno contra Amanda, lanzándola hacia la pileta. —¡Amanda! —grito desesperada al ver a mi amiga caer de espaldas hacia el agua de la pileta. Me agacho hacia ella de inmediato, para ayudarla a quedar de pie, pero unos gritos tras de mi me desconcentran. —¡Lo siento! —dice una chica rubia mientras se aproxima corriendo hacia nosotras. Abro bien los ojos para observarla y ella me mira con lástima—. Realmente mi novio es un despistado y lanzó la pelota sin fijarse que podía pegarle a alguien. Amanda se termina de colocar de pie y le lanza una mirada cargada de odio a la chica frente a nosotras. —Es nuestro primer día de Universidad y ya estoy mojada hasta la mierda —dice enfadada. Tomo del brazo a mi amiga y observo como evidentemente está empapada y que no puede ingresar a clases en ese estado. Observo a la chica frente a nosotras y a sus espaldas se acerca corriendo un pelinegro muy alto, el cual nos mira con vergüenza. —Realmente lo siento, chicas —dice la rubia. El chico se queda a su lado y por su cercanía intuyo que él es el novio despistado que lanzó la pelota. —No puedo ir a clases en este estado…—se lamenta mi amiga. Siento lástima por ella, porque realmente soñamos muchas veces con este momento y lo imaginábamos perfecto, pero esto me demuestra una vez más que la realidad nunca es lo que uno se espera. —Tengo una muda de ropa en mi casillero, puedo dártela si gustas —dice de inmediato la chica frente a nosotras. Se gira hacia el muchacho a su lado y le entrega un juego de llaves que saca de su bolsillo—. Amor, ve a buscarla, por favor. El chico nos da una mirada apenada y sin decir nada se marcha corriendo hacia el interior de uno de los edificios. Amanda se sienta en la orilla de la pileta y baja la mirada hasta sus zapatos, intentando esconderse de las miradas curiosas de quienes nos rodean. —Chicas, realmente lo siento mucho —se disculpa nuevamente la rubia. —Creo que las disculpas no debes darlas tú —digo con vacilación—. Tu novio el despistado podría disculparse, después de todo él lanzó la pelota. —Sí, tienes razón…—murmura ella un poco avergonzada. —Qué idiota —susurra Amanda en voz baja. —Mi nombre es Samanta Hill, segundo año de contabilidad —menciona la chica—. Lamento presentarme en estas circunstancias, pero en fin… —Soy Olivia Clark —me presento en voz baja. Amanda observa de reojo a Samanta y luego suspira, extendiendo su mano hacia ella. —Amanda Parker, primer año de contabilidad —sonríe, demostrando su incomodidad. Para cualquier persona sería difícil notarlo, pero yo la conozco desde siempre y sé que el escuchar que la rubia es su compañera de carrera ha cambiado un poco las cosas para ella. Después de todo, nadie quiere tener problemas con sus compañeros de Universidad. Me siento a un lado de mi amiga y a lo lejos veo como el novio de Samanta regresa corriendo con una bolsa entre las manos, la cual extiende hacia mi mejor amiga, evitando su mirada. —Bueno, te perdono, aunque no me hayas pedido perdón —le dice Amanda entre dientes. El chico la observa y sus mejillas se sonrojan a más no poder, a tal punto de hacerme sentir lástima. —Soy Franco… lo siento, chicas. Alzo una ceja hacia él y luego suspiro, ignorando que Amanda irradia enfado por todos los poros de su ser. —Borrón y cuenta nueva —digo con una sonrisa ladeada—. Hagamos de cuenta que esto no sucedió. —¿Me perdonarían si les invito una cerveza? —pregunta el chico con una sonrisa tímida. Samanta abre los ojos con emoción y sonríe. —¡Es perfecto! —chilla y observa a Amanda con súplica en la mirada—, eso nos serviría para conocernos mejor, prometo que puedo ser tu madrina Universitaria, después de todo estudiamos lo mismo. —Me convencieron —dice mi amiga un poco más relajada. —Nos vemos cuando acabe la jornada, podemos reunirnos aquí mismo —dice Samanta con una sonrisa. Amanda y yo asentimos con la cabeza en dirección a Samanta y franco. No puedo ocultar mi emoción, ni la sonrisa en mi rostro, porque realmente no puedo creer que en mi primer día haya podido socializar con otras personas que no fueran Amanda o el imbécil de Hazel. Después de todo, parece que la vida sí me quiere dar una nueva oportunidad. Un regalo. Nota: 01 de Agosto subiré el siguiente capítulo ❤️
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