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1206 Palabras

Año 2008 La frustración de Celeste no podía ser más grande. Se había quedado en su habitación todo el domingo, escuchando las risas y gritos de los comensales, que recién se habían marchado a las 6 de la tarde. Si bien la voz de Juan casi no había sonado, él era así, no solía mostrar sus sentimientos y menos en las reuniones sociales. Pero las pocas veces que se había asomado a su ventana, Jesica estaba a su lado sin perder oportunidad de rozar sus brazos o acortar la distancia. El lunes por la mañana, su mal humor continuaba. Se puso el uniforme a desgano y asistió al colegio, sintiendo que el tiempo no pasaba más. Llegó la hora de irse y, como solía hacer, se sentó en el portal de la casa lindera. Cuando iba a comenzar a leer su libro, una bocina la distrajo. Levantó la vista y en

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