En su momento odié a G. Lo odié cuando entró en mi casa y me apresó como quién no quiere la cosa. Él solo hizo que no lo aguantase, pero de alguna manera había cambiado mi opinión sobre él radicalmente. Ya no lo veía como un idiota insensible. A veces se comportaba como uno, eso no lo iba a negar, pero la mayoría del tiempo era una persona sincera y leal. Cada mañana, cuando me levantaba, le miraba a los ojos y me preguntaba cómo había tenido la suerte de encontrar a alguien como él. Sabía que no iba a durar. Yo no pego con él, por mucho pegamento de contacto que quisiese echar a nuestra relación. - Tienes que volver a la casa grande.- Estábamos tumbados en su cama, sin hacer nada en absoluto. Solían ser nuestras mañanas vagas. - ¿Y eso por qué?.- Bostecé y me acomodé en su brazo tatuado

