Capitulo 2

2081 Palabras
   Scarleth llego a su casa, subió a su habitación, apenas entro se sintió libre de expresarse empezó a llorar amargamente, como su vida cambio de la noche a la mañana todo era una farsa su prometido que siempre le decía que la amaba mas que a su vida nunca la amo porque si fuera así no la hubiera engañado con su mejor amiga. Su pequeña Lía una joven de diecisiete años, era la que se parecía mas a su madre blanca, cabello castaño, ojos verde. Había caído en malos pasos influenciada por sus malas amistades. Haría lo imposible para sacarla del hoyo en el que se encontraba, esa noche no hablaría con ella sino mañana que todo estuviera mas calmo. Scarleth de tanto llorar se quedo dormida. Al día siguiente que llego a su empresa se fue directo a recursos humano y le pidió a la responsable que elaborara una carta de despido para Carolina, ya que a partir de ahora estaba despedida, con respecto a su ex prometido no lo podía correr por que era un socio minoritario, solo les pidió a los de mantenimiento que le habilitaran una oficina en otro piso. Luego se fue a su oficina en eso llego Arturo. —Tenemos que hablar —dijo entrando a la oficina. —Tu y yo no tenemos nada que hablar —recalco ella—, ya que estas aquí te aviso que tu oficina estará en otro piso ahora. Arturo tenso la mandíbula. —Nuestro compromiso se cancela, eres libre de estar con quien quieras —anunció levantándose de su asiento altivamente. —Tu no puedes hacer eso —dijo acercándose—, yo te amo. Scarleth soltó una carcajada. —¿Me amas? Si que eres sínico —grito enojada— mira que decir eso después que te encontré revolcándote con mi mejor amiga —dijo haciendo comillas con los dedos— espero no volver a verte. —Déjame explicarte. —Que me vas a explicar que los dos me vieron la cara de estúpida saber desde cuando. —Ella fue —¡Cállate! —dijo interrumpiéndolo. Abrió la puerta de la oficina y le dijo que se saliera sino llamaría a los de seguridad. Arturo no tuvo otra opción mas que irse. Cuando estuvo sola volvió a llorar su vida se estaba convirtiendo en un desastre. Solo trabajo medio día y después se fue a casa. Necesitaba hablar con hermana y descansar un poco. Toda su vida había estado sol, todos sus amistades se acercaban por su dinero pensándola bien nunca tuvo una sincera. En el amor también había tenido mala suerte todos se acercaban por interés. Todas las personas que amaba la lastimaban incluso su papá que desde que murió su mamá se fue a Italia, callo en depresión y murió. Su hermana que tenia tan solo dos años en ese entonces. Ella lucho junto con su nana para sacar la empresa y a su hermana adelante nunca se rindió. Se dio un baño y fue a la habitación de hermana, toco la puerta y luego escucho un adelante. —Lía tenemos que hablar —dijo tranquila. Su hermana la miro y luego asintió. —¿Desde cuando fumas droga? ¿Por qué no me habías dicho lo que te estaba pasando? —Yoo, siempre quise hablar contigo, pero siempre o estabas en la empresa o con Arturo. —Perdóname si, ahora en adelante todo cambiara —anuncio sonriendo—, pero necesito que en estas dos semanas que estés suspendida vayas a un centro de rehabilitación. La joven asintió. Scarleth no iba presionarla iba a dejarla que ella solo hablara poco a poco. —Vi el video cuando sacaste a Carolina del pelo, ya te enteraste que te era infiel —comento Lía. —¿Tu lo sabias? —Si, pero tu no me hubieras creído si yo te hubiera dicho. Por un momento hubo silencio. Scarleth sabia que ella tenia razón, ambos se unieron en un abrazo fuerte. —Ahora necesito que me digas como llegaron esos videos al internet —pregunto seria. —Eso, fueron mis enemigas, pero ya me desquite así que no te preocupes —hablo riendo—, además el papacito del profesor de matemáticas ya los borro. Scarleth rodo los ojos. —¿Papacito? Eres amiga de el. —Vas a decir que no viste lo bueno que esta —dijo levantando la ceja de arriba hacia abajo— no soy su amiga simplemente hablamos y el me aconsejaba. —Bueno te dejare para que descanses. —Hay otra cosa que necesito decirte, pero para esto necesitare tiempo —dijo dándose la vuelta. —Esta bien, cuando quieras yo te escuchare. Se despidió de su hermana y se fue a su habitación, tenia que prepararse a partir de mañana su vida iba a cambiar. Alejandro llego a su casa en su auto lo guardo en el garaje, el era el mayor de tres hermanos era alto, blanco, cuerpo fornido; era un poco tímido no tenia muchos amigos solo dos de la infancia. Su hermana era abogada y su hermano medico. —Hijo ven a comer —anunció su mamá. —voy mamá. La familia Gonzales era de esas que compartían las comidas juntos, a pesar que sus hijos eran adultos siempre guardaban la tradición. Ambos ancianos deseaban poder tener nietos, pero todavía no les llegaba esa suerte puesto que ninguno de sus hijos eran casados. Don Simón era un contador a punto de jubilarse le gustaba las familias grande, junto con su esposa doña Teresa una maestra pensionada lucharon para comprar la casa donde vivían cuando eran jóvenes y todavía no tenían hijos, eran personas con principios y valores. —Hijos ya se acerca la mejor época del año la navidad, por lo tanto hay que limpiar al frente de la casa para acomodar los adornos navideños —comento el patriarca. —Este fin de semana yo lo hago papa. —Gracias Alejandro. —Acaban de asignarme mi segundo caso familia —anunció Susana. Todos las felicitaron y aplaudieron. Era un merito para su hermana ya que se había esforzado para llegar hasta donde estaba, ya que por ser mujer no había podido conseguir trabajo, hasta que llego al bufete donde trabaja actualmente no era muy recocido, pero era bueno. —Felicidades hija te lo mereces —dijo su mamá. —Yo recogeré los platos y limpiare la mesa, no te preocupes mamá —anuncio Ben el hijo menor. —Gracias hijo. Benjamín era el menor de los hermano, era un medico recién graduado y pronto terminaría su especialidad en ginecología y pronto empezaría a trabajar en el hospital central. Ya habían pasado dos días desde el incidente donde Scarleth encontró a su prometido con su amiga teniendo sexo. Como había dicho Carolina ya no trabajaba ahí y su ex fue cambiado de piso, no lo miraría a cada rato. Scarleth salió a la discoteca con Carlos su primo, amigo era lo único que le quedaba. Estaban tomando tequila en una mesa cuando mira al profesor con su socio Luis. —Voy al baño —anunció Scarleth. —Te espero aquí. Caminaba en dirección al baño cuando unos tipos borrachos la empujaron haciendo que casi se caiga. —Esta bien señorita —pregunto Alejandro. El fue el que sostuvo a Scarleth para que no cayera. Ella lo miro despectivamente y sin decir una sola palabra se fue. Alejandro rodo los ojos. —¿Qué paso? —pregunto su amigo al verlo que había llegado con el ceño fruncido. —Nada de importancia. —Te vi que sostenías a mi socia Scarleth. —fue por que un tipo borracho que la empujo y para que no cayera la sostuve. —Es muy guapa cierto. —Si, pero no es mi tipo detesto las mujeres arrogante. Su amigo Luis soltó una carcajada. —Ya quisieras tu, tener una mujer así de bella en tu cama. Alejandro puso los ojos en blanco, luego le lanzo una mirada asesina. —Buenas noche camaradas —saludo el recién llegado Carlos. Los tres se saludaron con su típico saludo. —¿Qué no estabas tu con Scarleth? —Si, pero fue al baño y no ha regresado, encontré a dos hermosas rubias y pensé en ti para que saliéramos los cuatro —explico Carlos. Luis sonrió pícaramente. Le urgía estar con una chica. —Pero hay un detalle con quien vamos a enviar a Scarleth de regreso a su casa si vino conmigo en mi auto —expuso. —Con Alejandro, ya que no a bebido y es muy responsable. —Están locos si creen que yo me llevare esa mujer de aquí —refuto Alejandro. Ambos amigos pusieron ojos de cachorro. —Hazlo por los viejos tiempo. Alejandro voltio los ojos. Luis era su amigo desde la infancia siempre estuvieron juntos, incluso fueron a estudiar a la misma universidad, pero no la misma carrera. El era un mujeriego y Alejandro siempre le salvaba las espalda. Debes en cuando trabajaba en la empresa de su amigo que brindaba seguridad personal y electrónica a las empresas. Al ser un experto en informática siempre creaba programas que le ayudaran. Luis era muy querido por la familia de Alejandro. —Esta bien, pero recuerden que yo no manejo un carro de ultimo modelo. —Mi prima no están cosquillosa en esas cosas. Alejandro lo miro fijamente por unos segundos. Alejandro sabia que Scarleth era prima de su amiga Carlos, que era una mujer arrogante siempre la miraba en las portadas de las revista como una de las mejores empresarias de la ciudad, —Ok, ok tienes razón, pero no me puedes negar que es muy guapa. —Tienes razón, pero no es mi tipo. En ese momento llego el mesero con mas tragos. —Para ti ninguna mujer es tu tipo. —Mira quien habla —Carlos pensé que te habías ido, como no te encontraba —dijo Scarleth. —Scarleth mi buen amigo Alejandro te llevara a casa, por que yo tengo una citas con unas amigas. —¿Qué? —Así como lo oyes, a menos que vallas conmigo a la cita. —No esta bien, me iré con el. Todos se despidieron. Alejandro y Scarleth salieron de la discoteca cuando estuvieron el estacionamiento no pudo evitar fijarse en el auto que no era de ultimo modelo. —¿Así que tu eres amigo de Carlos? —Si, desde que estábamos en la universidad. —Perdón, soy Alejandro Gonzales. —Si te recuerdo, eres el profesor que da clases en el colegio donde estudia mi hermana. Alejandro sonrió, pensó que no lo recordaba, luego abrió la puerta del carro para que entrara. Ella le dio su dirección aunque el ya sabia, quien no iba a saber la dirección de la CEO de la empresa Copemex. —¿Cómo sigue Lía? —Bien, gracias por preguntar —respondió—. Aunque hay algo que no me quiso decir y me dejo preocupada, por casualidad ¿No sabes que es? —Creo saber que es, pero es mejor que esperes a que ella te lo diga. —Te ordeno que me lo digas ahora mismo. —¿perdón? No es mi culpa que ella no tenga la suficiente confianza contigo para decirte las cosas —soltó deteniéndose en un semáforo en rojo. —No te permito que me hables así. —Lo siento, no fue mi intención hablarte así, pero si ella no te lo dijo yo no puedo decirte nada, tienes que esperar que ella te lo cuente —dijo mirándola directo a los ojos. —Tienes razón. Cambio el semáforo y puso el auto en marcha, cuando llegaron Alejandro salió del auto para ayudar a Scarleth. Cuando le tendió la mano para salir ella la toma e inmediatamente ambos sintieron una corriente que le corría desde la cabeza hasta los pies, ella al instante se soltó. —Gracias por traerme —dijo ella entrando rápidamente a su casa sin esperar respuesta de el. Alejandro negó con la cabezo, se monto en su auto y se marcho. Pasaron dos días Scarleth observo a su hermana fatigada, nerviosa; a la hora de la cena con sigilo le pregunto si le pasaba algo. —Hay algo que tienes que saber —dijo Lía— creo que estoy embarazada. Scarleth formo una O con la boca. —¿Qué? —Si, pero no recuerdo haber tenido relaciones con nadie.
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