Capitulo 4

1859 Palabras
—Perdón, perdón no te vi. Cuando Scarleth escucho la voz del profesor guardo silencio, se giro y efectivamente era el. —Yo lo siento venia distraído con los cafés y no me percate que estabas ahí de pies. —No, discúlpame tu a mi por ser grosera. Los dos hombres que estaban sentados abrieron los ojos como plato, no podían creer que Scarleth Cupper se estuviera disculpando mas después de lo que paso. —Entonces es real que cambiaria su forma de vida —susurro en voz baja. —Definitivamente esto si es nuevo. Ambos empezaron a reír. Por otro lado Alejandro estaba apenado no podía creer lo que había pasado, así que solamente se limito a tratar de limpiar el desastre en la ropa de la chica. —Tranquilo, iré a la cocina a limpiarme. Scarleth salió de la oficina. —Soy un desastre, creo que mejor me voy. Alejandro llego al estacionamiento se subió a su auto lo puso en marcha y se fue. Al llegar a su casa su vecina Vicky quien era una enfermera lo esperaba en el porche con dos tazas de chocolate. —Hola Alejandro —saludo dándole una de las tazas. —Hola ¿Qué haces aquí? Por que no pasas te vas a resfriar. Ambos entraron a la casa y se fueron sentar a la sala. —Quería invitarte a una cena navideña que le harán a todos los trabajadores del hospital el sábado. —No solo es para los que trabajan en el hospital. —No, cada colaborador puede llevar un acompañante. —Bueno, si es así esta bien. —Me tengo que ir, quede de ayudarle a hornear un pastel a mi mamá para mi hermano que esta de cumpleaños. Alejandro asintió. —Nos vemos el sábado. Ella fue a despedirse de doña Teresa, luego se fue. —Es una buena muchacha hijo, deberías de sentar cabeza ya. —¡Papá! Cuando llego Scarleth a la oficina ya no encontró a Alejandro, ella pensó que se había molestado y por eso se fue, era ella la que debería de estar molesta por haberle derramado el café. —¿Ocurre algo Scarleth? Ella negó con la cabeza. Terminaron de revisar el contrato entre ambas empresas cuando Carlos hablo. —El video ya fue eliminado por Alejandro. —¿Cómo? —Le pedí a Alejandro que borrara el video donde sales arrastrando de los pelos a Carolina. —¿Qué? El era el amigo al que te referías. Carlos asintió. Scarleth sintió pena, el ayudándole y ella se había portado grosera por algo que había sido un accidente. Charlaron un poco mas, después se fue Scarleth a su casa, paso por su recamara y vio que dormía tranquila mente. Llego a la cocina y se encontró con Marie su nana. —¡Regresaste nana querida! —Si y Rita me conto lo que esta pasando. —Debería haberte escuchado cuando me advertiste de la clase de hombre que era Arturo. —Cuando uno se cae se levanta y tu mi querida niña tocaste fondo, pero lo mejor fue que reaccionaste y por ti sola descubriste que tipo de personas eran las que te rodeaban. —Tuve que verlo con mis propios ojos para reaccionar, mira por todo lo que esta pasando Lía es mi culpa. —Todo lo malo hay que dejarlo atrás y empezar de nuevo, Lía te ama y no piensa volver a cometer el mismo error, ya aprendió la lección. —Con tan solo diecisiete años le ha tocado pasar por situaciones fuertes, pero ya no estará solo me tendrá a mi. —Y a esa bebe que es su luz; no habrá necesidad de ingresarla a ningún centro para que deje las droga ella sola lo hará por el amor que le tiene a ese ser que lleva en su vientre. —Eso parece y me alegro. La anciana abrazo a la joven ella las quería como a su propia hija. —Vamos a cenar nana que muero de hambre. —Seremos tu y yo por que Lía lo hizo temprano luego se fue a dormir. Scarleth asintió. Cenaron y después de charlar un rato mas se fueron a dormir. Sonó la alarma y Scarleth se levanto, se dio un baño cuando se puso un vestido color crema, unos zapatos de tacón alto, se recogió el pelo en un moño y se maquillo. Bajo a desayunar y encontró a su hermana y Marie ya en el comedor. Desayunaron juntas como la familia que siempre fueron. —Contratare a alguien para que decore la casa para esta navidad. —¿por que no lo hacemos las tres? Verdad nana. —La casa es demasiado grande Lía, pero si te prometo tener una cena familiar para noche buena. Lía sonrió emocionada. Después de desayunar Scarleth se subió a su auto rumbo al colegio. Lía le conto a Marie del doctor guapo que había conocido, así que quedaron en ir a la cafetería que quedaba frente al hospital para enseñarselo. Scarleth llego al colegio, pregunto al conserje por el profesor y le indico que estaba impartiendo clase en el aula al final del pasillo. Toco la puerta antes de entrar. —Podemos hablar un momento —pregunto desde la puerta un poco apenada. Alejandro se asombro al ver a Scarleth en la puerta que perdió la voz. —Si estas muy ocupado te puedo esperar. —No, vamos ya termine. Ambos salieron juntos hacia el comedor del colegio, llegaron y se sentaron en una de las mesas que estaba vacía. —¿Quieres que te traiga algo de tomar? —No, gracias así estoy bien. Alejandro asintió. —Quiero pedirte disculpa por mi comportamiento de ayer, no fue el mejor puesto que lo que paso fue un accidente —expreso nerviosa. Era la primera ves que ella se disculpaba y a pesar de todo se sentía bien hacerlo. —Un accidente que se pudo evitar si yo no hubiera ido distraído. —Un accidente lo comete cualquiera, además quería agradecerte por ayudarnos a eliminar los videos. —Tranquila, cualquiera lo hubiera hecho. Los estudiantes no dejaban de verlos, era raro ver al profesor de matemática con una mujer muy elegante y guapa. —No cualquiera, además has ayudado bastante a mi hermana y yo casi ni te conozco. Alejandro sonrió. —Me tengo que ir, gracias por tu ayuda y nuevamente discúlpame. Scarleth se levanto tomo su bolsa y camino hacia la salida . —¡Espera! —dijo en voz alta tratando de alcanzarla. El maestro se había quedado asombrado nunca había visto esa faceta de ella, siempre la veia arrogante con las personas todavía no olvidaba como había tratado al periodista solo por querer preguntarle por su compromiso con el arquitecto Arturo y no por que viera noticias, sino por que su primo Carlos no dejaba de hablar de eso. Ahora venia a su escuela y le agradecía y pedía disculpa por su comportamiento. —Si —dijo dándose la vuelta. —¿Te puedo acompañar hasta tu auto? Ella asintió. —¿Cómo esta Lía? —Bien, preparándose para volver a clase, creo que no necesitara terapia. —¿por que lo dices? —Saber que esta embarazada la a ayudado para no recaer en ningún vicio y eso me da mucha alegría. —Lía es una niña inteligente, no me extraña su reacción. Scarleth sonrió. Se detuvieron al llegar al estacionamiento donde estaba el chofer esperándola. —Gracias por todo —se despidió mientras entraba al auto. El asintió, luego fue hasta su auto y se marcho. Lía y Marie estaban en la cafetería que estaba frente al hospital pidieron unos jugos y un pedazo de pastel de chocolate el favorito de Lía. —Nana de desde aquí te voy a mostrar al doctor guapo. —Bueno vamos a ver que tanto razón tienes, por que yo los veo todos iguales. —Hay nana, el es como un ángel bajado del cielo. Marie sonrió negando con la cabeza. —No le vayas a decir a mi hermana que venimos a ver al doctor por favor. —Sera nuestro secreto. —Gracias, sabes nunca había sentido nada por nadie, pero ayer que el me tomo la mano y como se porto conmigo me hizo sentir especial. —Hay mi niña te han lastimado tanto. —Nadie me había hablado de esa manera y su mirada profunda que te cala hasta los huesos. —Hola, Lía me alegro encontrarte aquí. El doctor estaba adentro de la cafetería desde antes que llegaran Lía y Marie, ellas no se habían percatado de su presencia. Por otra parte el doctor si las vio desde que entraron y cuando se iba ir paso a despedirse, pero nunca pensó escuchar lo que dijo Lía. Lía palideció al escuchar la voz del doctor. —Hola, soy Marie —respondió al ver que la chica no salía de asombro. —Mucho gusto, Benjamín Gonzales. —Desde ayer que paso por este lugar, Lía no ha dejado de hablarme de el, así que decidimos venir a probar el pastel de chocolate que tanto le encanto. —Si aquí sirven delicias de pasteles, por eso siempre vengo desayunar en mi hora de descanso. Lía se ruborizo al escuchar lo que dijo. —Me tengo que ir, que disfrutes el pastel ¡cuídate Lía! Ella le mostro su mejor sonrisa. El doctor Gonzales se marcho. A lo largo vieron cuando el médico cruzo la calle e ingreso al hospital. —Que vergüenza nana, no pude decir nada —menciono tapándose la cara von ambas manos. Marie sonreía. —Tranquila mi niña, se nota que el es un buen muchacho. Por otro lado Carolina había llegado a visitar a Arturo a su departamento la noche anterior. —Necesito dinero para mis gastos, una mujer bella como yo no puede vivir en la pobreza. Arturo rodo los ojos. —¿Cuánto quieres? —pregunto sacándose la chequera de su traje. —Lo suficiente, lo que me dio la insípida de Scarleth fue poco, solo alcance a pagar mis deudas —dijo acercándose a el. —Te daré una muy buena cantidad, pero no te quiero volver a ver, no me conviene que me vean contigo mas después de lo que paso. Carolina soltó una carcajada. —Pues lo siento querido, por que cada ves que te necesite vendré a ti —dijo pasando sus dedos por los labios del hombre— no se te olvide que yo se muchas cosas de ti por lo tanto te conviene tenerme de tu lado. Arturo tenso la mandíbula. —¿Me estas amenazando? —pregunto tomándola por el cuello. Ella se encogió de hombros riendo seductoramente. —Me excitas cuando te pones así —dijo con vos apenas audible por la presión que tenia en el cuello. El la soltó de inmediato. —A si —susurro tomándola por la cintura atrayéndola hacia el. Se besaron con desesperación, de un tirón le arranco el vestido corto n***o que traía puesto, la tiro al sofá y terminaron teniendo sexo salvaje toda la noche.
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