POV JENNA Después de la cuarta vez que resbalé por el barro que empapaba mis zapatos, Dante me estrechó entre sus brazos, al estilo de una novia. —Te vas a ensuciar aún más —protesté—. Puedo andar. Bájame. Dante negó con la cabeza. —No lo creo, mi esposa —dijo, y Dios echaba de menos que me llamara así. Me estremecí y me arrimé más a su cuerpo a pesar de lo que había dicho—. ¿Tienes frío? —preguntó. No era frío de verdad, y los dos lo sabíamos. Más bien, estaba entrando en shock. —Huelo asqueroso —dije, y no me gustó lo lejana que sonaba mi voz. Se inclinó hacia mí y me respiró. —Hueles de maravilla... nunca te he visto más guapa —dijo Dante, y la mentira me hizo reír. La risa se transformó rápidamente en sollozos, y rodeé su cuello con los brazos y me aferré a él con fuerz

