Y vivieron felices por siempre
Capítulo 1
Y vivieron felices por siempre.
Mel
En unos meses yo caminaría del brazo de mi padre, él estaría orgulloso de mí, pétalos, un canto celestial de eso que revientan los tímpanos, pero yo pondré mi mejor sonrisa para la cámara. Me moveré con gracia en el vestido que me había causado ronchas la primera vez que me lo probé, si ese que te deja sin aire, pero que te hace ver como princesa de Disney, sin órganos y con la cinturita fina.
Llegaría a dónde estaba..., ¡ese cabrón hijo de la gran puta que me había engañado!
La historia estaba mal contada, al menos la mía se había torcido en el camino ¿Vivieron felices por siempre? No, lo que sucedió es que tres meses antes de mi boda mi prometido se estaba dejando ordeñar por su amante y créanme no fue nada bonito de ver. Tenía que existir un después de la frase «y vivieron felices por siempre» que a todos nos había jodido la infancia y la ilusiones.
Tome el vaso de whisky y me volví a dar un trago mientras lloraba con todos los mocos afuera y el maquillaje corrido. Eso era lo otro ¿Por qué las princesas lloraban bonito y yo estaba aquí echando el moco? Otra puta mentira de Disney.
Brandon tomó un pañuelo y presionó mi nariz varias veces.
—Ya nena cálmate, ya pasó —me dio unas palomitas en la espalda.
—Sí, ya no se le va a quitar lo chupado —dijo Susan, riendo.
Llore más fuerte y sin control, consciente de que los rubios que estaban más que comestibles en la otra punta del bar no dejaban de mirarnos y reírse.
—¡Susan! Joder, yo la consuelo y tú la hundes —se quejó Brandon.
Limpie mis mocos y mis lágrimas con su pañuelo rosa —¿Cómo me ha podido hacer esto? Yo que soy el amor de su vida.
—Le ha pasado a Jennifer Lopez ¿Qué podemos esperar nosotras? Simples mortales —murmuró Susan agitando sus risos rojos.
Era una morena muy guapa de veintitrés años, de ojos oscuros, un cuerpo envidiable, pero que odiaba la palabra amor. Quizás odiar es demasiado, simplemente no tenía muchas ganas de enamorarse. Estudiaba psicología, pero no era muy buena para decir las cosas o quizás solo era muy directa.
Brandon, por otra parte, era un rubio con unos ojazos azules, veinticinco años, abogado y gay de la puerta para dentro, es decir, pocos lo sabían según él, pero en mi opinión ya todo el mundo lo sabía menos sus padres. Él era solo un Romeo en el amor, acababa de empezar una relación y veía todo muy positivo.
Yo estaba hecha mierda y solo quería morir ahogada en alcohol, pero ni beber sabía.
—No compares a los monumentos que ha tenido Jennifer Lopez con Chris, por favor —se quejó Brandon.
—¡Se pueden callar! —solté frustrada—. Que en tres meses me caso, lo he dejado con una nota y ahora no tengo donde vivir ¿Se dan cuenta de eso?
Ambos se miraron.
—Nena, pues muy fácil, llama a papá y vuelve a casa —respondió Brandon.
—¿Cómo voy a volver después de decirle a papá que nunca lo haría?
Mi vida había tocado fondo. Justo por el idiota de Chris había puesto mi vida patas arriba con tal de seguirlo. Me mudé con Chris después de que mis padres no aceptaran el compromiso y llevo dos meses que no les hablo por no aceptar al hombre que yo asegure era el adecuado.
¿Existía eso del hombre correcto?
—Nena, pues a tragar orgullo —finalizo Brandon.
No podía volver a casa. Mi orgullo no me permitía volver con Chris, no tenía un lugar, trabajo o suficientes ahorros. Mi vida había tocado fondo, pero tenía que hacer algo.
Negué con la cabeza y un nuevo cúmulo de lágrimas empezaron a brotar. Brandon me abrazo dándome pequeñas palmaditas mientras yo lloraba y lloraba.
Un fuerte golpe en la mesa nos hizo separarnos. Susan tomó el vaso de whisky de la mesa y pasando por encima de Brandon apretó mi nariz y me obligó a beber. El líquido se me resbaló por los labios y tosí como una loca por el fuerte sabor y el olor del whisky.
—¿Que haces loca? —limpie mi boca.
—¡La matas! —se quejó mi amigo.
—¡Yo he venido aquí a emborracharme, no a escuchar lloriqueo! —nos gritó, con los brazos apoyados en la mesa—. ¡Tú deja de mimarla! —le señaló a Brandon—. Y tú menos llanto y más soluciones.
Aclare mi garganta mientras estiraba mi falda rosa, algo avergonzada por el regaño de mi amiga.
—Tienes razón, tengo que demostrar que puedo seguir yo sola —intenté no volver a llorar o la loca me ahogaría en alcohol.
—Eso está muy bonito, nena, pero la vida es un poco complicada y pues tú eres un tanto… —Brandon se quedó en silencio buscando las palabras correctas.
—Mimada, has vivido toda tu vida dentro de una burbuja de cristal —finalizo Susan por él.
Ósea que estaba acabada. Volví a llorar, esta vez mucho más fuerte. Odiaba llorar, me hinchaba la cara y cuando intentaba hablar me salía un horrible idioma alienígena que nadie entendía.
—¡Susan, cállate mejor! —la regaño Brandon.
—Es terapia de choque —se defendió ella—. A ver nena, que nos tienes a nosotros y eso es lo bueno.
Dudaba de que eso fuera muy bueno, pero sí, ellos en este preciso momento eran los únicos que conocían la situación actual.
Batí mis pestañas —¿Puedo vivir contigo?
Los labios de Susan se volvieron una línea, volvió a sentarse y aclarando su garganta respondió: —Ya vivo con dos personas más y tres gatos.
Era morir por mi alergia a los gatos y por mi alergia a otros seres humanos o regresar a casa y encontrarme con un «te lo dije» de mi padre. Prefería un millón de veces más la primera opción, pero buscaría una oportunidad en Brandon.
Me giré hacia él y puse mi mejor rostro de pena, él dio un trago a su copa de vino fingiendo no verme, tenía que lograr derretir ese corazón de abogado orgulloso que tenía.
—No me ignores, querido mejor amigo —hice énfasis en «mejor amigo» por si no quedaba claro.
—Ay nena, me acabo de mudar con Freddy…
Susan lo interrumpió —¿No puedes acoger a tu mejor amiga por unos días? ¡Desgraciado!
—¡¿Me dejas terminar?! —le grito él.
Susan solía ser demasiado impulsiva a veces.
—¡Mira su carita! —continuo ella, sentándose a mi lado y pellizcando mis mejillas—. Este es el rostro de un alma en pena, sin esperanzas en la vida, acababa.
Las lágrimas se acumularon en mis ojos —¿En serio?
¿Tan mal me veía?
—Si cariño, métete en el personaje —susurro ella.
—¡Que sí te puedes quedar conmigo unos días! Joder, no se callan —dijo Brandon hundiéndose en su silla con vergüenza—, pero tenemos que buscarte un lugar.
Todos en el sitio nos miraban. Me sequé las lágrimas y mostré una sonrisa satisfecha, ya no tendría que volver a casa o gastar en hoteles.
—¡Gracias! —le di un fuerte abrazo y lo besé en la mejilla.
Él odiaba el contacto y comenzó a empujarme para qué lo soltará.
—Piénsenlo, piso de solteros —exclamó Susan.
—Ey, que también está mi novio —recordó Brandon, logrando soltarse de mí al fin.
—¿Por qué no nos has presentado al fantasma ese? —indago Susan—. ¿Es feo?
A mí no me preocupaba mucho, aunque Brandon había sido mi amigo de la infancia, era primera vez que hablaba de una de sus relaciones, siempre los mantuvo oculto y es primera vez que se mudaba con alguien.
—Es guapísimo. No quería que me echarás mal de ojo como a Mel, mira como le fue a ella —me señaló.
Lo miré sintiendo mis ojos picar otra vez por el cúmulo de lágrimas. Mordí mi labio y cubrí mi rostro.
—¡¿Que le voy a decir a mi papá?! —llore apoyando mis codos en la mesa.
Susan soltó un bufido —Papá, tú tenías razón, me dejó por otra después de darme como cajón que no cierra.
Solté un lamentable gemido —Ni siquiera tuve un orgasmo.
El silencio se instalo en la mesa y después fuertes carcajadas.
—¿Puedo saber por qué llevabas tres años con ese hombre? —pregunto Susan, mientras Brandon seguía riendo.
Limpie mis lágrimas, ya me ardían los ojos y la nariz dolía.
—¿Por amor?
Chris había sido todo un romántico durante toda nuestra relación, siempre pensando en mí y esforzándose mucho en su trabajo, era alguien al que admiraba, hasta que me puso los cuernos tan grandes que me di cuenta porque la cabeza ya me pesaba.
—¡Amor sin orgasmos no es amor! —grito Susan.
—¡Susan! —Brandon cubrió su rostro avergonzado.
Ella miró a nuestro alrededor —¡Rubio la cuenta! Mejor vámonos de aquí, como que nos miran raro.
Me bebí todo el vaso de whisky, ya ni siquiera me ardía, pero el sabor me seguía pareciendo demasiado fuerte. Odiaba el whisky.
—Vamos a seguir, necesito despejar la mente —pedí.
Necesitaba alcohol en mi sistema para olvidar todo lo que había pasado en este día. Él ni quiera, había llamado a pesar de que yo llevaba todo el día fuera y le había dejado una nota. No le importaba.
—Vamos a tu casa y así conocemos al Romeo —le dijo Susan a Brandon.
—Está trabajando ahora mismo, no es muy lejos de aquí y hay buenas copas —respondió él.
—A, pues vamos, solucionamos dos cosas —dijo Susan tirando de mi brazo.
Brandon nos detuvo —No es el mejor sitio, lo digo por Mel.
—¡¿Yo qué?! —le solté furiosa—. ¿Que te crees, que nunca he estado en un bar de esos que huelen a porro y mala vida?
Él se quedó boqueando por unos segundos en busca de las palabras.
—Es que no es eso, es otro tipo de sitio —intento explicarse.
—Como sea, iremos —lo mire enfadada—. Ahora si me disculpan voy a ser pipí.
Camine dando tumbos al baño, me sentía mareada y abrumada con todo esto. Después de hacer mis necesidades y quedarme unos segundos con la mirada perdida en mis tacones rosas, me levanté y caminé modo Bambi hasta el espejo.
—Tú puedes Mel —me dije a misma en el espejo.
Tenía un aspecto horrible, mi maquillaje estaba hecho un desastre, mis ojos se veían rojos, mi cabello rubio, algo revuelto y desordenado. Mi ropa estaba arrugada. Aclare un poco mi rostro con agua, no ayudaba, incluso se podía decir que estaba peor, pero al menos refrescaba.
Tome mi teléfono y volví a revisar. No había nada.
«Llámame por favor y dame una puta explicación»
Era lo único que quería, necesitaba que él al menos pidiera perdón, en cambio, se había desaparecido.
¡Yo puedo!
Llegamos al supuesto bar unos minutos después, no parecía la gran cosa desde afuera; sin embargo, una gran fila de mujeres esperaban para entrar al sitio. Solo mujeres, no había un solo hombre; sin embargo, Brandon saludo al gigante de la puerta y este que parecía conocerlo ya lo dejo entrar con normalidad.
Dentro el sitio era bonito, femenino, sobre todo. La música no estaba lo suficiente fuerte como para no poder escuchar cuando hablabas, la barra estaba llena de mujeres y el resto estaba sentada en sus sitios, con enormes sonrisas y mejillas rojas, mirando con expectativa al escenario frente a ella.
¿Qué era esto?
—¡Strippers! —soltó Susan.
—¿Tu novio es Stripper? —él parecía muy tranquilo.
Hizo una mueca —Ya quisiera, pero no, él trabaja en la barra. Tomen sitio y yo les traigo algo de beber.
Brandon se alejo. Susan pegó saltos feliz y yo me quedé quieta en medio del lugar. Nunca antes había estado en uno de estos sitios, los había visto en películas y nunca imaginé acabar en un sitio como este.
—¡Vamos Mel, ahí un sitio en medio! —grito Susan entusiasmada.
Me arrastró a una de las mesas del centro, estábamos muy cercanas al escenario. Me hundió en la silla nerviosa mientras mi amiga me ignoraba y se concentraba en aplaudir.
«¿Dios por qué acabe así?»
¿Por qué Brandon no podía presentarnos a su novio en un sitio normal? En una cenita en casa como hacía todo el mundo.
Me aferré en la silla cuando todo quedó a oscuras, ya imaginaba lo que pasaría a continuación cuando la música aumento y las luces se dirigieron a una espesa cortina roja, a través de esta se podía ver la silueta de un hombre.
Las cortinas se abrieron y aparecieron cinco hombres, cuatro de estos vestidos de n***o, pero el del medio parecía ser el protagonista de la mayoría de los gritos «Cupido» gritaban algunas mujeres. Llevaba un traje n***o, la camisa media desabotonada ¡Que vistas! Una máscara blanca cubría por completo su rostro, a medida que bailaban se iban despojando de la ropa. Sus movimientos eran toscos, fuertes y masculinos y por algún motivo yo lo sentía dirigirse a mí, pero no sé podía ver más allá de la máscara, sus ojos estaban muy oscuros.
Los chicos comenzaron a bajar, bailaron cerca de las clientas y se dejaban tocar por ellas. Me refugie en la silla haciéndome chiquita, con suerte casi transparente.
—¡Aquí a ella la dejo el novio! —grito Susan apuntándome.
—¡Cállate!
Era demasiado tarde, el bajo y se acercó a mí. Con un movimiento rápido se puso de rodillas.
—Oye, no muchachito, estoy bien —alargue mis manos para poner una distancia entre nosotros.
El las tomo con descaro y las paso por su pecho, descendió por su abdomen ¿Así se sentía un abdomen? ¡Madre mía, qué cuerpazo! Olía a pecado, un olor dulzón con algo de menta.
Apretó sus manos en mis muslos y abrió mis piernas para meterse entre ellas. Sentí mi piel calentarse y un cosquilleo incómodo formarse en mi vientre.
—Tranquila angelito, disfruta de mi que ya yo lo hago contigo —susurro en mi oído.
Acaricio mis muslos, mis costillas y la curva de mis senos antes de levantarme y dejarme a horcajadas sobre él. Me llevo al escenario mientras yo evitaba tocarlo y a la vez intentaba no caerme. Me dio un apretón en las nalgas con sus manos, él me tenía bien sujeta.
Me dejó en el suelo y dio la vuelta de espaldas a él, uno de sus manos recorrió mi cuerpo hasta detenerse en mi garganta y la otra presionó mi cadera y me empujó hacia él, se movió bailando contra mí. Mis piernas flaquearon y él me agarró más fuerte, me hizo mirarlo mientras apretaba su agarre.
—Oh Dios —eso había escapado de mi boca.
¡Estaba excitado! Imagino que no había sentido cobrando vida había sido a su amiguito.
Me hizo ponerme de rodillas, él lo hizo conmigo y me empujó hasta que estuve a cuatro patas en el suelo ¡Qué vergüenza! Era consciente de las miradas y los gritos, pero mi cuerpo solo reclamaba sus atenciones. Sentí un pequeño azote en el trasero.
—Disfruta —repitió él—. Ya me encargo yo de cumplir tus fantasías más perversas.
¿Mis fantasías? Yo había llegado aquí con toda la inocencia del mundo y ahora estaba a cuatro patas con un stripper meneándose contra mí. Solté un gemido cuando empezó a moverse al ritmo de la música, sus manos recorrieron mi espalda y rápidamente me dio la vuelva, solté un pequeño grito asombrada. Se colocó entre mis piernas e inmovilizo mis brazos por encima de mi cabeza. El colgante de su cuello se balanceaba entre nosotros mientras él se movía, arqueé mi cuerpo y él soltó un gruñido antes de separarse de mí. Me volvió a levantar entre sus brazos y me llevo de vuelta a mi sitio.
¡Ahora que lo estaba disfrutando!
No me podía creer lo que había hecho, solo un baile que se sintió muy caliente.
—¡Di algo para la cámara! —grito Susan grabándome.
Sentí algo recorrer mi mano y vi el colgante del bailarín enredando en el botón de mi camisa, pero ya él no estaba por ningún lado.
—Maldición.
Después de unos minutos Brandon llegó con unas copas y con Freddy, era un hombre atractivo, con rasgos asiáticos y un hermoso cabello n***o recogido en un pequeño moño.
—Cariño estás, son mis dos amigas Mel y Susan —nos presentó Brandon.
—¿Tú también bailas? —pregunto eufórica Susan.
Vamos, que el novio de Brandon no estaba nada mal, alto, con un cuerpo como diría él para no dar muchos detalles «interesante» y esos rasgos asiáticos que lo hacían diferenciarse de todos los chicos en el lugar.
Freddy soltó una risita nerviosa —No, yo solo sirvo en la barra —me lanzó una mirada algo juguetona—. Un buen espectáculo Melanie.
Forcé una sonrisa y agarre la copa que tenía Brandon en la mano para bebérmela de un trago, el champán burbujeo en mi boca, pero no fue suficiente para refrescarme.
—Si un gran espectáculo.
El último que tendría en mi vida, porque a un sitio como este yo no vendría más. Aunque sospechaba que para mi despedida de soltera Susan tenía planeado algo así, no me imaginé acabar en uno de estos sitios después de descubrir la infidelidad de mi prometido.
Supongo que la vida daba muchos giros.
Después de unas cuantas copas más volvimos a casa de Brandon. No recuerdo mucho más que lágrimas y alcohol.
Abrí mis ojos perezosos, el cuerpo me dolía y a penas me podía mover en la cama, encima tenía esa horrible posición de lagartija atropellada. Vi él cubrecamas de rayas y las cortinas a lunares de la habitación de Brandon. Al menos no me había dado por despechada, aunque seguramente despertar en la cama de algún extraño le daría emoción a mi vida… Olvídenlo, eso solo sucede en películas. Yo amanezco en la cama de mi amigo gay, en sujetadores, con la falda torcida y un dolor de cabeza horrible.
Salí de la habitación y los encontré a los tres en la pequeña y colorida cocina tomando el desayuno. Tenía una resaca horrible, pero conseguí arrastrar mis pies hasta ellos.
—¿Que paso anoche? —pregunte restregando mis ojos.
—Tuvimos una orgía —respondió Susan.
—¡¿Qué?!
Mi primera orgía con dos gay y una ninfómana, dios me proteja de eso.
Brandon le lanzó un trozo de pan a Susan para hacerla callar.
—Bebiste, llegamos y vomitaste hasta casi morir —explico él.
—¿Casi?
Asintió —Claramente estás viva.
—No me siento nada viva —hice un puchero.
—¿Te ha llamado el innombrable? —preguntó Brandon.
Negué con la cabeza.
—Ni la va a llamar —murmuro Susan—. Céntrate en tu vida, ya deja de esperar algo de ese idiota.
—Odio mi vida ¡Estoy hasta aquí! —me di unos golpecitos en la frente para señalar.
¿Cómo era posible que todo se arruinara en unos días?
—¡Maldición! —soltó Freddy terminando la llamada.
—¿Qué sucede chino? —preguntó Susan.
Brandon le lanzó otro trozo de pan —Sus padres son coreanos.
Ella hizo una mueca —Es lo mismo.
Freddy suspiró —Aún no encuentro compañero de piso para Eros.
—¡Mel está buscando piso! —anuncio Susan.
—No sé si este te guste —comento él.
Susan bufo —Créeme no está en condiciones de ser especialita.
Mostré un puchero —Gracias por recordarme mi miseria, pero no.
—¿Cómo que no? —me interrumpió ella—. ¿Qué hay de mostrar que eres independiente?
—¡No voy a vivir con un hombre! —me desesperaba.
—¡Es gay! Es como vivir con una mujer y ahora estás viviendo con dos —me recordó ella.
Mordí mi labio —No lo sé.
—Nena no estás en condiciones de elegir —agrego Brandon.
Freddy tosió —Yo no he dicho nada...
Brandon se levantó —Vamos a conocer a ese amiguito tuyo y que la nena vea el piso.
—Pero… —fue a decir Freddy.
—¿No puedo conocer a tu amigo? —pregunto Brandon cruzándose de brazos.
Susan me dio un codazo —Drama gay, lo adoro.
Freddy palideció —Sí, vamos todos.
Me tomé las palabras de Susan muy en serio, tenía que hacer algo por mí. Me di una ducha rápida y me vestí con unos pantalones ajustados y suéter rosa, tenía que hacer que la descendía volviera a mí, no podía seguir pareciendo un muerto andante.
El sitio del que hablo Freddy por todo el camino no estaba tan lejos de Brandon o de la academia, eso era un punto a su favor, pero la zona era algo bulliciosa. Subimos por las escaleras oscuras porque el ascensor estaba roto, Freddy abrió la puerta del piso para nosotros y nos invitó a entrar.
El lugar era espacioso, aunque algo oscuro y desordenado. Había muchas botellas sobre la mesa de comedor, el sofá de cuero n***o estaba lleno de montones de ropa, muchas colillas de cigarrillos y en una esquina una fea batería roja. Algunos estantes y mucho espacio. Las mayorías de paredes eran de ladrillo descubierto, el suelo de manera oscura estaba algo rayado, unas enormes vigas de manera en el techo y las ventanas eran grandes, esto último me gustaba aunque las vistas fueran el edificio del frente y la calle.
—Perdona el desorden, quizás Eros tuvo una fiesta —Freddy abrió las cortinas y la habitación se iluminó.
—¿Hace muchas fiestas? — pregunté.
No me gustaba nada este sitio.
Freddy negó con la cabeza —Para nada, trabaja de noche y duerme mucho, así que no te molestara.
Abrió una puerta y me invitó a entrar, la habitación estaba limpia y clara, las paredes pintadas de banco era mucho mejor que el ladrillo descubierto.
—Creo que está muy bien —pronuncio Susan.
Ni ella se lo creía.
Brandon se encogió de hombros —Con limpieza y decoración te quedaría muy bonito.
—Y el precio está muy bien —agrego Susan.
Creo que eso era lo más importante, esto era algo que yo podía pagar.
Solté un suspiro —Bueno, supongo que lo tomaré ¿Dónde está ese Eros?
Freddy miró la hora —Quizás salió a caminar. Si te gusta podemos sacar tus maletas del coche.
Me mordí el labio ¿Acepto o no acepto? Bueno, ya había aceptado, pero me quedaba esa duda. Tenía que al menos arriesgarme por una vez en mi vida, no todo podía ser fácil.
—Vale — acepté.
—Bueno, vamos a subir las cosas —informo Brandon tirando de Freddy hacia la puerta.
—¿Y mi compañero de piso lo sabe? — grité antes de que se fueran.
—Tranquila ya sabía que vendrías.
—Yo saldré a tomar aire, la nicotina en este lugar me mata —dijo Susan antes de irse
Esto era horrible. Me paseé por la habitación decepcionada de como había terminado.
La puerta de la habitación continua se abrió y salió un chico completamente desnudo estirando sus brazos hacia arriba y bostezando. Mis ojos fueron directo a su entre pierna, nunca más vería a un hombre sin antes compararlo con este.
Tenía el torso definido, los brazos anchos, ojos dorados, labios finos, algunas pecas en su rostro y piel bronceada
—Mierda — murmuré.
Me había quedado embobada.
—¡Ah! —grito el asustado con mi presencia. Tomo un cojín y cubrió sus partes íntimas—. ¿Qué haces aquí?
Esta no era la mejor manera de conocer a mi compañero de piso.