La figura alta y erguida de Lance se acercó a Yvette desde lejos y pasó junto a ella sin detenerse.
Yvette no sabía si era porque Lance no la veía o porque la ignoraba.
Pero Yvette vio que la chica en brazos de Lance era la de las noticias.
Era Yazmin.
Yvette salió a rastras del hospital.
Estaba aturdida, sin saber qué hacer.
En el taxi, el conductor le preguntó a Yvette adónde ir.
Yvette se atascó en la simple pregunta.
No quería volver a Villa Serenidad. Quizá pronto dejara de ser su hogar.
Tras una breve pausa, Yvette dijo
—Señor, Spring Bay, por favor.
Yvette compró un apartamento allí después de casarse.
Yvette planeaba acoger a su abuela, Phoebe, para su jubilación, así que compró un apartamento de setecientos metros cuadrados. Aunque era pequeño, bastaba para que vivieran dos personas.
Lance no lo entendió y dijo que quería darle a Yvette una casa grande, pero ella se negó.
Ahora, Yvette pensaba que ésta podría ser su única decisión correcta.
Cuando Yvette llegó abajo, al edificio de apartamentos, se sentó sola en el parque y disfrutó del viento frío, queriendo mantener la mente despejada.
Recordó sus viejos tiempos. Había dulzura y amargura.
Habían pasado dos años.
Habían pasado más de setecientos días.
Yvette pensó que por muy frío que fuera Lance, ella le derretiría el corazón.
Pero ahora, parecía que un sinfín de burlas resonaban en sus oídos, diciéndole que todo aquello no eran más que sus tontas ilusiones...
Tarde en la noche, Yvette subió.
Justo al salir del ascensor, vio a Lance de pie delante de la puerta.
Lance llevaba las mangas arremangadas y el cuello de la camisa suelto, dejando al descubierto su esbelto cuello y la mitad de su hermosa clavícula. Estaba allí de pie, guapo y encantador.
Yvette se quedó de piedra.
Lance fue al hospital con Yazmin.
¿Por qué estaba aquí?
Sus miradas se cruzaron. Con el abrigo en el brazo y las manos en el bolsillo, Lance miraba a Yvette con los ojos entrecerrados.
—¿Por qué no contestaste al teléfono?
La expresión de Lance era indiferente, como si no hubiera descansado bien, con un atisbo de hostilidad.
Yvette sacó su teléfono. Resultó que lo había puesto accidentalmente en modo silencioso.
Hubo cinco llamadas perdidas, todas de Lance.
Era la primera vez en los dos últimos años.
Lance llamó muchas veces porque no podía encontrar a Yvette.
En el pasado, Yvette estaría exultante, incluso más feliz que ganando 16 millones de dólares.
Pero ahora, Yvette volvió a meter el teléfono en el bolso y se puso contra la pared, con la voz un poco ronca. —No lo he oído.
Lance levantó la mano y miró el reloj. Había un deje de impaciencia en su voz. —Llevo dos horas buscándote. —
Después de que Lance instalara a Yazmin, volvió a casa y la encontró vacía. Lance buscó a Yvette durante mucho tiempo sin obtener resultados. Incluso le pidió a Frankie que comprobara los vídeos de vigilancia del camino después de que ella abandonara la empresa.
Inesperadamente, Yvette regresó a Spring Bay sin decírselo siquiera a Lance.
—Dime dónde irás. Vámonos. —Lance se dio la vuelta y ni siquiera miró a Yvette mientras caminaba hacia el ascensor.
Lance quería volver a Villa Serenidad.
Yvette observó la ancha espalda de Lance. Un poco de reticencia a separarse de él y de codicia surgieron en su interior.
Yvette se preguntaba, ¿puedo...
¿Tenemos futuro?
Lance giró la cabeza y vio que Yvette permanecía inmóvil. Sus cejas se fruncieron. —¿Estás esperando a que te lleve?
Contra las luces de los sensores de la parte superior, el delicado rostro de Lance se perfilaba con nitidez y perfección. No había ni un solo defecto.
Yvette respiró hondo y miró a Lance. —Lance, vamos a divorciarnos.
—¿Qué quieres decir?
El tono de Lance era frío y su atractivo rostro se ensombreció.
—Quiero volver, y pronto no tendremos nada que ver...
Yvette forzó una sonrisa, pero le dolía el corazón como si alguien se lo estuviera desgarrando.
—¿No tienen nada que ver el uno con el otro?
Lance frunció los labios y sonrió fríamente
—Yvette, ¿cuál es nuestra relación a tus ojos?
La pregunta de Lance hizo que Yvette dejara de respirar.
Eso era cierto. Desde el principio, Lance conocía su papel. No había nada entre ellos más que un acuerdo. Tenían relaciones sexuales, pero no se amaban. A los ojos de los demás, no tenían nada que ver el uno con el otro fuera de la empresa.
Lance era el soltero más famoso de Nueva York, y muchas famosas hacían todo lo posible por perseguirle.
Lance volvió a recordárselo a Yvette. «¿Tenía miedo de que ella se aferrara a él?»
Yvette se mordió el labio inferior y contuvo su amargura. Asintió con la cabeza. —Lo siento, señor Wolseley. Son solo ilusiones mías. Por favor, vuelva. No tiene que venir a Spring Bay otra vez.
Tras decir eso, Yvette no pudo contener las lágrimas.
¿Cómo podía no estar triste? Había amado a Lance durante diez años...
Pero, aunque fuera difícil, Yvette aprendería a dejarse llevar.
Yvette no se reduciría a ser el hazmerreír.
Las luces de los sensores del pasillo no paraban de parpadear.
Lance entrecerró los ojos y apretó con fuerza sus finos labios. Su cuerpo emitía una señal peligrosa.
De vez en cuando consentía el mal genio de Yvette, pero esta vez había ido demasiado lejos.
Cuando Lance vio las lágrimas en los ojos de Yvette, su ira casi se disipó. Bajó la voz y dijo —Si es por Emilie....
—No tiene nada que ver con ella. Señor Wolseley, por favor, váyase.
Emilie no era la única entre ellos.
Yvette se sentía cansada y pasó junto a Lance para abrir la puerta, dispuesta a entrar.
Lance no estaba contento con la terquedad de Yvette.
Se tiró de la corbata con frustración, luego dio un paso adelante y agarró la muñeca de Yvette, sujetándola con firmeza.
—¿Puedes dejar de armar jaleo?
Al segundo siguiente, Lance frunció el ceño con más fuerza. Puso el brazo sobre el hombro de Yvette, se dio la vuelta y la estrechó entre sus brazos.
Yvette estaba caliente, como un trozo de carbón al rojo vivo.
—Tienes fiebre.
Yvette se sintió mareada y se apoyó débilmente en el pecho de Lance. Hasta las piernas le flaquearon.
De alguna manera, el romance llenaba el aire.
Lance bajó la cabeza para comprobarlo. Era como si fuera a besar a Yvette al segundo siguiente.
Yvette fue lenta. Cuando se dio cuenta de que aquella postura era demasiado erótica, inconscientemente alargó la mano para apretar el pecho de Lance y quiso retroceder.
Sin embargo, antes de que pudiera mover los pies, la agarraron por la cintura y tiraron de ella. Lance tenía una expresión fría en la cara, y su voz era muy profunda. —¿Qué estás haciendo?
La lámpara de arriba se balanceó e Yvette fue recogida.
Lance se dirigió al ascensor sin vacilar.
La mente de Yvette estaba un poco confusa por la fiebre. Ella susurró —¿Qué vas a hacer?
—Vamos al hospital —dijo Lance frunciendo el ceño.
—¡No!
Yvette dio un grito de alarma y se quedó mucho más lúcida.
Si Yvette estuviera con un gotero, perdería al bebé en su vientre.
Aunque este bebé no fuera bien recibido, mientras estuviera en el cuerpo de Yvette, Yvette era su madre, ¡y tenía la obligación de protegerlo!
Yvette luchó por zafarse de los brazos de Lance, pero él era demasiado fuerte. Sus brazos la sujetaban con fuerza, dejando a Yvette incapaz de liberarse.
Lance ignoró sus forcejeos y habló en tono estricto
—Si estás enferma, tienes que ver a un médico.
Lance cargó con Yvette y se dirigió hacia el ascensor. A Yvette se le iba a salir el corazón del pecho. Se agarró a su brazo y soltó ansiosa.
—¡No puedo ir al hospital!