Capitulo 1.- Dos años atras
En un pueblo llamado Mazamitla, Jalisco.
***NARRA ABRIL***
Han pasado días desde que no he vuelto a ver a Iñaki, desde que no me llama, desde que no escucho su voz, ¿Qué pasaría con él?, si hace apenas unas pocas semanas aún estábamos felices y enamorados, ¿Le habrá pasado algo?, muchas cosas rondaban mi cabeza, mientras estaba ayudando a mis padres en el negocio de cortinas y persianas, cuando de pronto a lo lejos, veo a un amigo suyo a Alberto, estacionándose cerca del negocio de mis padres, afuera de una papelería para ser exacta, así que no me quedo con la duda y decido ir a su encuentro, pues Iñaki y él siempre andaban juntos aquí en Mazamitla,
- Buenas tardes Alberto – le digo mientras me planto frente a él.
- Hola Abril, perdón no te había visto – me respondió el algo nervioso.
- No pasa nada, oye disculpa que te moleste pero, ¿Sabes algo de Iñaki? – le pregunté algo preocupada.
- No Abril, no sé nada de Iñaki, ¿Por qué tendría que saber yo algo? – me respondió el enseguida con otra pregunta.
- Pues porque siempre se la pasaban juntos aquí en Mazamitla y ya he intentado de todo, lo he llamado, le he dejado mensajes y no sé nada de él – le dije angustiada.
- Abril, te voy a decir algo y será lo único que te diré con respecto a Iñaki, no me lo tomes a mal, pero el volvió a la Ciudad y volvió para no volver más aquí a Mazamitla – me dijo Alberto causándome un malestar instantáneo.
- ¿Cómo que no va a volver?, él me dijo que vivía en un pueblo a unos pocos kilómetros de Mazamitla, por eso es que podía venir a verme casi diario – le rebatí a Alberto algo enojada.
- Abril, sea lo que sea que él te dijo, él no pertenece aquí, se fue y no regresará, por favor y por tú bien olvídalo y deja de buscarlo, porque él ya está dónde realmente pertenece – me dijo Alberto rompiéndome el corazón.
- Alberto, eso no puede ser verdad, tenemos un año de novios, él no pudo haberse ido, él no pudo haberme dejado sin darme una explicación, me dijo que yo era la mujer de su vida – le dije a Alberto llorando.
- Lo siento en serio Abril, pero busca a alguien que pueda hacerte feliz y en serio te lo digo, tienes que olvidar a Iñaki y ahora si me disculpas debo irme – me dijo Alberto caminando hacia la papelería.
- Por favor, al menos dime si sabes tú algo de él, me lo merezco, si es verdad que él se fue, quiero al menos que me dé la cara y una explicación – le supliqué a Alberto, pero solo logré irritarlo más.
- Abril, deja de ser tan infantil, ya te he dicho que lo olvides, ahora déjame en paz – me dijo Alberto y se regresó a su auto, se subió y me cerró la puerta en la cara y dicho eso se fue a toda velocidad.
Regresé al negocio de mis padres, convertida en un mar de llanto, tomé mi bolsa y me fui a la casa a llorar desconsoladamente, a buscar información en internet sobre él, ¿Pero cómo hacerle?, sólo tenía su nombre Iñaki y no sabía ni un apellido, ni a que se dedicaba, no sabía nada absolutamente nada del hombre del cual estaba perdidamente enamorada. Después de horas de buscar en internet sin obtener resultado alguno, pues el buscador arrojaba millones de resultados sobre hombres llamados Iñaki, me convencí que sin saber sus apellidos jamás lo encontraría, al menos no por ese medio. Después de llorar, más llorar y más llorar, me vino a la mente una idea, imprimir una foto suya y entregarla en el pueblo preguntando por él, si él se paseaba por aquí junto con Alberto, a fuerzas alguien debió haberlo visto, así que me puse manos a la obra, imprimí su foto y saqué varias impresiones para salir a preguntar a la gente del pueblo por él.
Salí decidida a realizar mi búsqueda, con miedo de no saber nada, pero al menos tenía que intentarlo, pase muchos días y algunas semanas buscándolo, llorando todas las noches hasta quedarme dormida, recordándolo, pensándolo y amándolo a pesar de que todo me mostraba que él no me amaba a mí, si no le costó trabajo alguno el haberme abandonado de la forma cobarde en la que lo había hecho.
Un buen día mi amigo Emiliano me llamó para quedar para salir y después de negarme a verlo, por andar ocupada buscando a Iñaki, decidí aceptar la invitación de Emiliano para ir a tomarnos unos tragos y platicar, me sentía muy mal y tenía que desahogarme con alguien y ese alguien tenía que ser él, mi mejor amigo en el mundo y quién mejor me conocía, tanto como yo a él. Nos quedamos de ver en una cantina del pueblo, llegué yo primero y pedí unos tragos, cuando de pronto lo ví llegar muy contento como siempre, al verme él me abrazó tiernamente y yo, me deshice en llanto sin poder evitarlo y sin importarme que la cantina, por ser un viernes por la tarde, estuviera repleta de gente.
- Hola hermosa, ¿Qué tienes Abril? – me dijo Emiliano tan pronto nos soltamos del abrazo.
- Hola Emiliano, que estoy muerta en vida, eso tengo – le respondí yo, destrozada.
- ¿Qué ha pasado?, si la última vez que nos vimos, andabas feliz con tú príncipe azul – me respondió Emiliano, preguntándome que pasaba.
- Sí estaba feliz con él, pero él me ha abandonado, eso pasa Emiliano, se fue y desde hace semanas que no sé de él, ya lo he buscado por todo el pueblo y cuando me encontré a Alberto su amigo, él me dijo que lo olvide, que Iñaki se fue para no volver, mas no me quiso decir a dónde – le dije a Emiliano bebiéndome mis lágrimas mientras seguía tomando a más no poder.
- Abril, no sé qué decirte, yo desde un principio ví unos indicios en Iñaki que no me gustaban, pero no quise decirte nada porque no te lo ibas a tomar nada bien, si andabas idiotizada por él y perdóname que te lo diga, pero esto te ha pasado por no conocer bien a la gente – me dijo Emiliano haciéndome sentir peor.
- Gracias amigo, por recalcarme en mi cara lo imbécil que soy, de verdad muchas gracias – le dije yo muy molesta.
- No es eso Abril, es que no puedes clavarte en una relación con alguien que no conoces más que el nombre – me dijo Emiliano esas verdades que sonaban peor que nada de lo que hubiera oído antes.
- Creo que no debimos vernos, mejor me regreso a mi casa, no tengo ganas de discutir contigo, pediré la cuenta y me largaré de aquí – le dije a Emiliano histérica.
- Abril, por favor cálmate, no vine aquí para atacarte, vine para contarte algo, pero así cómo estás no sé si sea una buena idea – me dijo Emiliano algo reflexivo.
- Ya me has hecho venir, dime lo que me quieres decir – le dije yo, limpiando mis lágrimas y dispuesta a escucharlo.
- Me ofrecieron trabajo cómo psicólogo en Guadalajara, es para trabajar en una clínica de apoyo para las mujeres violentadas – me dijo Emiliano, dejándome sorprendida.
- ¡Muchas felicidades!, me alegra que al menos tú si puedas tener algo de felicidad – le dije yo muy feliz por él.
- Yo no puedo ser feliz, si tú no lo eres Abril, eres mi mejor amiga y quiero que seas feliz – me dijo Emiliano tiernamente.
- Mi felicidad se fue para siempre junto con Iñaki, dudo poder volver a sonreír – le dije a Emiliano con tristeza.
- Siendo así, llamaré y les diré que no puedo aceptar el trabajo, no te pienso dejar sola así como estas Abril – me respondió Emiliano tomando mi mano.
- ¿Aceptarías que fuera contigo a vivir a Guadalajara? – le pregunté sin pensarlo dos veces.
- Yo encantado, pero dudo que tus padres te dejen ir y además, ¿Qué pasará con tus estudios de ser estilista?, vas muy adelantada aquí - me preguntó Emiliano preocupado.
- Nada que no pueda seguir allá – le dije yo un poco animada.
- ¿En serio te irías conmigo Abril?, tú siempre decías que Mazamitla era tu vida – me preguntó Emiliano dudando si sería capaz de irme del pueblo.
- Sí, pero ahora es un lugar que sólo me trae malos recuerdos y dolor, por favor Emiliano vámonos, mis padres me dejarán ir si me voy contigo, eres cómo un hijo para ellos – le dije yo desesperada y convenciéndolo de irnos.
- ¿Estás segura Abril?, el contrato que me ofrecen allá es por 5 años, así que no podré echarme para atrás – me preguntó Emiliano si estaba segura de irnos.
- Claro que lo estoy, quiero cambiar de aires y empezar de nuevo contigo, con mi mejor amigo en un lugar nuevo, vida nueva y gente nueva – le dije convencida.
- De acuerdo Abril, entonces tienes una semana para arreglar tus pendientes aquí en Mazamitla y para hablar con tus padres, yo debo estar en Guadalajara en una semana – me dijo Emiliano muy contento.
- Está bien Emiliano, pero así se opongan yo me iré contigo – le dije con una sonrisa.
- Brindemos entonces por un nuevo comienzo para ambos – me dijo Emiliano alzando su cerveza.
- Salud, Emiliano por nosotros y por la nueva vida que nos espera – le dije yo, chocando mi cerveza con la suya.
Pasó una semana desde aquella noche y en medio de lágrimas, gritos y angustia de mis padres, finalmente los convencí de que me dejaran ir a Guadalajara y al saber que me iría con Emiliano, no pusieron pretextos, así que nos encontrábamos ya, en el auto de Emiliano con la cajuela llena de maletas, de sueños y de ilusiones, rumbo a Guadalajara, Jalisco.