Bebimos en silencio, ambos muy cómodos con el ambiente frio y los sonidos del bosque. No hacía falta más palabras que aquellas, al menos para mí, que me conformaba con saber solo lo que ella decía y confiaba tan ciegamente que no tenía la intención de escrudiñar en sus decisiones. Pero a pesar de mi confianza y mi seguridad, mirándola de perfil. Tan calmada aunque alborotada, silenciosa pero ruidosa, con el rostro sereno y la mirada perdida, enfocada solo en beber hasta la última gota, pero con tanto sobre sus hombros. Admiraba su apacible presencia en ese momento y la belleza que se posaba en toda su existencia. “¿Linn te gusta?” La pregunta de Tessa me volvió tímido y pegue mi vista en la punta de mis dedos descalzos. —Quisiera congelar este momento. —La escuché confesar. —De solo pe

