Ahí estaba. Tirada en el desorden de las sabanas de mi cama, con Ares a mi lado y el diario cerrado en mis manos. Respiraba pesadamente, el aire escaseaba y dude mucho en volver a enfrentarme a ese sentimiento que creí haber derrotado en el estacionamiento. La nariz húmeda de Ares en mi mejilla me hizo recapacitar, no podía dar marcha atrás. —Quédate conmigo muchacho. —Le dije mientras abría el diario y dejaba a la vista la primera página. “Hay un mundo que no conocemos. No podemos escapar de él una vez que nos toma, pero podemos sobrevivir.” Decía en letra cursiva con tinta negra. A continuación en la siguiente página, estaba escrito: “El transformador” Miles de inviernos antes de la llegada de los extraños. Los Quileute y los fantasmas de sus antepasados cazaban y vivían aq

