Estaba tan nerviosa que me sudaba el cuerpo entero. Frente al porche lleno de plantas, me encontraba dubitativa y arrinconada entre dos decisiones. Aceptar que esto era una locura y que había perdido la cabeza o respirar hondo y empezar a preguntar. Pero la puerta se abrió dejando ver a un muy enojado Jacob, sin poder permitirme decidir. —Jacob. —Lo llamé con la voz temblorosa y una chueca sonrisa. Los ojos ámbar del chico me miraron desconcertados. — ¿Linn? ¿Qué haces aquí? Di unos pasos hacia él. —Vengo a hablar contigo o más bien con tu padre, o los dos. —Contesté rápidamente. —Mi padre esta atrás regando su huerta. —Señaló con su pulgar a sus espaldas. — ¿Sucede algo? Te ves nerviosa. El embrollo de emociones que tenía dentro gritaba por dejarse ver, pero lo reprimí lo q

