El viaje fue silencioso, los dos estábamos demasiado concentrado en nosotros mismos como para abrir la boca. Manejé a la playa de la Push, y estacioné en un aparcamiento vacío y mal cuidado. Nos bajamos del cacharro y yendo por el sendero entre el bosque llegamos a nuestro destino. Estaba desesperada por sentarme y dejarme caer en la arena, meter la cabeza en ella de ser posible. Siempre me pregunte como hago para mantenerme tan serena, aun con el caos alrededor. Era una lucha interna muy fuerte, porque en realidad solamente quería llorar y gritar hasta el cansancio, sentir los brazos de alguien dándome apoyo y dormirme al final. Pero no, no rompía en llanto porque detestaba perder el control de mi misma, porque me sentía ridícula llorando y no pienso deshacer la capa dura de fortaleza

