Cuando llegué a casa las luces estaban encendidas y Ares olfateaba el pasto delante de la casa. Edmund estacionó un poco más lejos para no levantar interrogatorios y yo lo saludé con la mano desde lejos, para meterme a la casa, con un cachorro pisándome los talones, muy emocionado por entrar. —Estoy en casa. —Avisé y deje mi abrigo verde colgado en el vestíbulo. Caminé al living y vi a Charly sentado con los codos apoyados en la mesa. Se veía agotado y había sutiles líneas de llanto en su rostro. Me asuste. Pero no por la situación que veía, ni por él, sino porque no estaba preparada para lo que – veía a grandes pasos- acercarse. Lo notaba, Charly había estado todo este tiempo cargando con emociones en privado. Podía verlo deteriorarse con los días, la incertidumbre, la impotencia, el

