AURORA
Cuando vine a reaccionar por lo que acaba de decirme Vlad, ya él estaba encima de mí. Tiró de la sábana, dejando descubierta la pijama y su cuerpo arriba del mío.
—"¿Vlad, qué haces?".
—"Voy a hacer que tu libro favorito sea yo entre tus piernas".
Habló bajando su boca hacia la mía.
—"¿Me piensas obligar?".
—"Oh, pedazo de infierno, claro que no".
—"¿Qué significa pedazo de infierno?".
—"Un nombre cursi como usted llama a su pareja de cariño".
—"Entonces, ¿el único nombre que se te ocurrió fue pedazo de infierno?".
—"Agradece que te lo puse así y no alma condenada".
Bajó su cabeza entre mi cuello y empezó a dejar besos lentos, bajó hasta estar entre mi escote y un grito salió de mí cuando rompió mi blusa.
—"¿Qué crees que haces?".
—"Estoy haciendo ver que te estás perdiendo".
Agarró mis senos con ambas manos y se llevó uno a la boca; fue como si toda la razón hubiera salido de mi boca.
Hizo lo mismo con el otro seno y volvió a subir dejando besos a su paso hasta llegar a mi oído. Sentí su respiración.
—"Dime que soy el único que ha tocado tu cuerpo".
Bajó su mano y rompió mi pantalón, que combinaba con la pijama de tela fina. Luego rompió mis bragas.
Cuando abrí los ojos, él ya estaba desnudo; ni siquiera supe cómo se había quitado la ropa tan rápidamente.
Él me miró, sus ojos rojos brillando más que nunca.
—"Abre tus piernas para mí".
Fue como si hubiera dado una orden; mis piernas se abrieron por voluntad propia.
Su boca chocó contra la mía y sus besos eran peligrosos y, por alguna razón, eso solo me excitaba.
Agarró mi barbilla con una de sus manos y me obligó a mirarlo a los ojos.
—"¿Estás segura de esto? Una vez que suceda, no habrá vuelta atrás".
Se supone que, por obligación, tenía que decir que no, pero las ganas nublaron mi razón y todo lo que sentía era la necesidad de tenerlo dentro de mí.
—"Sí, estoy segura".
—"Muy bien, hablaremos de los deseos cuando terminemos".
Los sentí poner algo entre mi centro; mi corazón empezó a latir rápido por el miedo, o quizá estaba a punto de arrepentirme.
Vlad nunca dejó de mirar mis ojos. —"Tienes el poder de detenerme".
Si me voy al infierno, voy a disfrutar mi vida; era eso, o casi muero cuando Vlad me tiró del faro.
—"Dale, estoy segura".