AURORA
Cuando se fue, me quedé dormida, aunque mañana era fin de semana.
La mañana llegó muy rápido y me levanté de la cama. Fui al baño a ducharme y, al salir, me puse un vestido color blanco con azul.
Bajé a la cocina a hacerme algo de desayunar. Cuando estaba desayunando, mi teléfono sonó; lo tomé y era mi mejor amiga.
—"Buenos días, Diana".
—"¡Qué buenos días! Levántate, que hoy vamos a una discoteca".
Despegué el teléfono y miré que casi son las 10 de la mañana y ella me está hablando de ir a una discoteca.
—"Diana, son las diez de la mañana. No piensas ir a una discoteca a esta hora".
—"Muy chistosa, cámbiate, nos vamos de compras para buscar el vestido que vamos a usar".
—"No voy a ninguna discoteca".
—"Ya está tarde".
No entendí lo que quería decir con eso hasta que un golpe en la puerta me hizo girar la cabeza y luego la escuché gritar.
—"¡Abre la puerta, sé que estás ahí!"
Fui hacia la puerta y, cuando la abrí, ella me abrazó y empezó a correr buscando algo. Cuando subió a la habitación, bajó con una cartera.
—"Vámonos, aquí está tu dinero y tu tarjeta".
Me agarró del brazo y prácticamente me estaba arrastrando hacia la puerta.
—"Pero mi desayuno".
—"¿Quién piensa en desayuno cuando nos vamos de compras?"
Ella me metió en su carro y empezó a conducir, no sabía hacia dónde. Cuando llegamos a una tienda, ella entró conmigo del brazo.
Una empleada se nos acercó. —"¿En qué le puedo ayudar?"
Diana se giró hacia ella. —"Mi amiga necesita un vestido para ir a la discoteca esta noche. Quiero algo sexy y con poca tela, no te preocupes por el precio".
—"Diana, no voy a usar algo de poca tela".
—"Aurora, con el dinero que tienen tus padres, podría comprar esta tienda solo con lo que te manda cada mes".
Tomé un vestido y, cuando miré hacia Diana, mi corazón empezó a latir más rápido al ver a Vlad detrás de ella.
—"No me gusta el que tiene; quizá ese rojo se vería lindo".
—"¿Qué haces aquí?"
Diana me mira como si estuviera loca. —"Aurora, ¿a quién le hablas?"
Cuando iba a señalar a Vlad, su voz me detiene.
—"Se me olvidó decirte que tengo el poder para que quien yo quiera me vea; ahora mismo solo tú puedes".
Lo ignoré y me giré hacia Diana. —"Con nadie, vamos a medirme el vestido para esta noche".