AURORA
Apenas me despedí de Diana cuando salí de la discoteca, estaba súper ebria. Estaba pidiendo un taxi cuando alguien se detuvo delante de mí.
Levanté la mirada y ahí estaba Vlad mirándome con sus ojos de colores brillantes. —"No quieres darme tu virginidad porque se la darás a él".
—"¿Qué?".
—"Pero escúchame".
Él me tomó del cuello y me levantó del suelo, poniéndome a la altura de su cara.
—"Ni pienses en acostarte con otro que no sea yo, porque lo mato a él y luego a ti".
—"¿Qué crees que estoy haciendo?".
Apenas pude pronunciar las palabras.
—"Aurora, no juegues conmigo, no me hagas mostrarte mi verdadero yo".
—"Si me quiero acostar con alguien, lo haré; total, como quiera, me iré al infierno".
Sus ojos se volvieron completamente rojos, no había señal de su ojo gris, y me apretó más contra la pared. Su mano alrededor de mi cuello se apretó mucho más.
—"Vamos a mandarte al puto infierno".
Mis labios se abrieron buscando oxígeno, algo de aire para llenar mis pulmones, pero él acercó su cara más a la mía.
—"Tú me perteneces a mí, te guste o no. Yo soy el único dueño de ti, el único que puede acabar contigo cuando quiera".
Fue como un escenario; todo pasó tan rápido que apenas pude ver bien. Él me levantó mucho más; mis ojos se cerraron esperando mi muerte.
Pero, en lugar de eso, caí en una cama. Miré a mi alrededor y no sabía dónde estaba.
—"Oh Dios mío, estoy en el infierno".
—"No".
Miro a Vlad, que está parado frente a mí, sus ojos rojos y mucho más grandes de lo que eran, sus venas se marcaban por todo su cuello. Su respiración rápida hacía que su pecho subiera y bajara rápidamente.
—"¿Dónde estoy?".
—"En un lugar donde nadie te tocará".
Miré por una ventana y todo a mi alrededor eran árboles; todo lo que veía eran muchos árboles.
—"¿Qué es este lugar?".
—"Donde vivirás conmigo".
—"Me secuestraste".
Cuando las palabras salieron de mi boca, me tiré de la cama y empecé a correr hacia la puerta, pero no di un paso más porque sentí una mano envolver mi cintura y luego sentí mi cuerpo caer a la cama en un segundo.
Miré hacia arriba y esta vez Vlad estaba encima de mí.
Sus ojos brillaban. —"Dime que serás mía, dilo".
—"Bien, seré tuya. Si me voy al infierno, como quiera, ¿por qué no aprovechar los deseos?".