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The Other

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Descripción

Esta novela inicia, con la concepción de Alejandra del Rio, por parte de sus padres. Desarrollándose toda su vida desde su nacimiento, niñez, adolescencia y etapa adulta.

Destacándose en esto, las distintas vicisitudes que ha tenido que vivir por ser la segunda hija de Román Del Rio y Natalia Rojas, quienes tenían como hijos predilectos a su hija mayor Jennifer Del Rio, por ser la mayor y a Román Junior Del Rio, por ser el varón y menor. Mientras, su segunda hija, como un medio de ganarse un lugar especial en la vida, y sobresalir para ser tomada en cuenta como sus hermanos, se dedicó a ser la mejor estudiante, la más destacada, la primera en el aula, en el colegio y liceo.

No obstante y a pesar de destacarse en sus estudios, como no veía resultados favorables en su casa sobre su destacada actuación en el colegio y luego en el liceo, se propuso crear un mundo de fantasía, donde ella era la reina, lo cual la llevó a idealizar un príncipe azul, que nunca llegó. Se la pasaba soñando y pidiendo al universo, un novio, que la visitara en la época de navidad y año nuevo, fechas en las cuales, mas añoraba la presencia de este príncipe azul.

Alejandra parecía haber venido marcada con un sello que no la dejaba tener novio, porque siendo una adolescente, se enamoró del novio de la hija de una vecina, con quien nunca llegó a tener nada serio porque quiso faltarle el respeto y ella no lo permitió. Después, al tiempo se enamora fuertemente del hijo del mejor amigo de su papá, quien tenía novia, también cerca de la casa donde ella vivía: Diego Alejandro quien a la larga es el primer y único amor verdadero de ella. Ella con el tiempo tiene un tórrido romance con él, pero se separa, por segunda vez por un nuevo embarazo de quien ahora es su esposa.

Esa relación, si es que se puede llamar así, tampoco tuvo buenos resultados, porque a pesar que los amigos de su papá la querían mucho, como nuera, sus padres jamás aceptarían esa relación porque era un hombre menor que ella y quien además no tenía una profesión. No obstante, se siguieron acercando a ella, otros hombres, casi todos casados o con relaciones de hecho, públicas y estables, los cuales quedaban descartados por esa misma condición. Entre estos pretendientes había exitosos y prósperos profesionales como empresarios.

El clímax de esta novela surge, cuando conoce a quien aseguraba era el galán de sus sueños, Marco Valenzuela, pero quien lamentablemente era casado y padres de gemelos. Aun así, ella, inicio una relación a escondidas y salió embarazada de él, enfrentando a sus padres, amistades y recibiendo muy poco apoyo del padre de su hija. Para ese entonces, Alejandra trabajaba como docente en un prestigioso Liceo de la Isla, donde no eran bien visto, las madres solteras, porque se convertían en un mal ejemplo para las jóvenes que cursan estudios, lo cual, le llevó a inventar nuevamente una historia de fantasía.

Aunado a esto, Marco, se separó definitivamente de ella y de la niña. No volvió a saber más de él. Pero contando con personas muy queridas, amigos quienes la admiraban y respetaban, ella superó esta situación, recibiendo el apoyo incondicional de Jean Carlos Fernández, pero a quien ella no amaba y así se lo hizo saber, para que no se ilusionara con ella.

Alejandra paso gran parte de su vida soñando y esperando que algún día llegará su príncipe azul, el hombre que la amaría como ella quería, que la pondrá en primer lugar y dejara de ser la otra y así se le pasó casi toda la vida, hoy casi al final, se encuentra sola, e incluso sin su hija, quien ha decidido emigrar en búsqueda del llamado sueño americano. Dedicada a desarrollar un nuevo talento, que ha descubierto, en el cual está desbordando el amor y la pasión que guarda su corazón. Así que te invito a través de estas líneas para que sigas la trama de esta novela.

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Capítulo 1. El nacimiento de Alejandra Del Rio…
En una famosa isla Caribeña, siendo las diez de la noche, del domingo diez de julio de mil novecientos sesenta, donde la brisa templa el calor, Román del Río y su joven esposa Natalia Rojas, después de la celebración de su cumpleaños, encerrados en su habitación matrimonial y encendidos totalmente de pasión el uno por el otro, se funden en un solo cuerpo, en un solo ser y como dos amantes, hacen el amor, con frenesí. Román, conociendo perfectamente a su esposa, sabe cómo conseguir que ella llegue al clímax y se desborde en fuertes orgasmos que el disfruta al igual que ella, terminando los dos totalmente satisfechos, plenos y con una paz interna difícil de alcanzar a través de otros medios. Ella, para ese momento se encontraba en plena etapa de ovulación, razón por la cual, se inicia desde este momento una carrera fuerte entre los millones de espermatozoides depositados por Román en la v****a de Natalia, en búsqueda del óvulo para fecundar. Demostrando desde este instante, que los seres humanos desde el día de la concepción, inician una lucha por llegar a la meta y alcanzar sus objetivos. Es así, como al transcurrir de seis semanas, Natalia despierta y al querer levantarse para atender a su pequeña hija Jennifer, siente un fuerte mareo, que la hace sentarse nuevamente en la cama. Román al observar su reacción, de inmediato, preocupado, se incorpora de la cama y le pregunta… ―¿Qué pasa Natalia? ―No se mi amor, siento un fuerte mareo, que no me permite levantarme para atender a la niña. ―¡Calma, mi vida! Atenderé a la niña, pero por favor no te levantes, _le responde, él preocupado. El sale rápido de la habitación, al de la bebé, porque estaba llorando, la saca de la cuna, la lleva en brazos a su cama. donde Natalia la amamanta. De inmediato la niña se calla y se queda tranquila. Sus padres la observan y sonríen. Luego Natalia, la cambia al otro pecho, la sigue amamantando y levantandola sobre su hombro le saca los gases. Román toma nuevamente a la niña en sus brazos, la lleva a su cuna, donde se duerme profundamente. Mientras, Natalia, queriendo levantarse, continúa con el mareo. Como quiera que necesita ir al baño, el, la ayuda. Solo que al querer cepillarse, se viene en vómito. Despertando con esto, más dudas entre los dos, sobre un posible embarazo. Natalia, consulta en un almanaque que tiene en la habitación la fecha de su última regla y observa que tiene más de una semana de retraso. Los dos se miran a los ojos y sonríen, porque es casi seguro que es otro embarazo. ―¡Estoy segura! es un embarazo porque mis periodos son fijos y muy puntuales. ―¡Bueno, mi amor! confiemos que sea así, àra que venga el varón que anhelo. ―No importa que sea, lo bueno es que venga sano. ―¡Tienes razón! Pero… me gustaría mucho, fuera varón. Ellos acudieron a un laboratorio para corroborar sus sospechas, cuyo resultado fue el esperado: positivo. Así que nuevamente acuden al ginecólogo para iniciar el control del embarazo. Así transcurrieron los ocho meses restantes, en los cuales Natalia y Román esperan ansiosos a su hijo. Este segundo embarazo para ella fue más cómodo porque contaba con la experiencia del primero. Razón por la cual, siendo las once de la noche, del día ocho de abril de mil novecientos sesenta y uno, a los diez minutos de haber llegado al Hospital, Román y Natalia, reciben a su segundo hijo, quien no fue varón, sino una preciosa hembra, a quien incluso no hallaban como llamar porque prepararon todo, pero para recibir un varón. Una vez, pasada la decepción del momento, deciden poner el nombre a la niña de la abuela paterna: Alejandra. Ella, no recibió en sus primeras horas de vida el estreno de ropas o adornos de niña porque todo lo que compraron era para varon. Natalia, observando a su esposo un poco apático a la bebe, le pregunta… ― ¿Qué pasa mi amor? Estabas tan ilusionado con la llegada de nuestro segundo hijo y ni siquiera te acercas para mirarla o contemplarla como hiciste cuando nació Jennifer. ―¡Es que me siento decepcionado! ―levantando la voz―. Y disculpa te lo diga, pero es la verdad, añoraba mi hijo varón, no quiere decir esto, que no la quiera, sino que estoy tratando de superar esta decepción. ―He leído que los niños perciben los sentimientos que les enviamos desde que están en el vientre, ¡por favor, no quiero! que mi hija viva o sufra algún trauma, solo porque nació hembra cuando deseábamos varón ―comentó Natalia. ―¡Lo siento! Pero… no está en mí.. ―Así espero. La celebración por el nacimiento de la niña, no fue como la de la primera hija, porque Román, aún no había asimilado la llegada de ella, sino que esperaba confiado un varón. Él, poco emocionado con su nueva hija, no ayudó a Natalia en la atención de la misma, fue como generando un rechazo hacia la niña, porque no era lo que él deseaba. En todo caso, la niña inició su proceso de crecimiento, normal, junto a su hermana Jennifer, quien siempre era la consentida. Antes de cumplir Alejandra seis meses, su mamá, vuelve a embarazarse y esta vez, sí fueron complacidos, porque a los nueve meses de esto, nació su hijo varón: Román Junior y quien por cierto sería el último. Esta vez, Román, botó la casa por la ventana con la celebración, por el nacimiento de su hijo varón, quien continuará su dinastía. Así fueron creciendo y desarrollándose los tres hijos de la familia formada por Román y Natalia, donde lamentablemente se evidenciaba de forma muy notoria la predilección de estos padres por sus hijos, la mayor y el menor, sintiéndose aislada totalmente de estas preferencias su segunda hija: Alejandra del Rio. Quien fue desarrollando una personalidad distinta a los demás, mostraba mucha indiferencia hacia los miembros de su familia, especialmente hacia su padre y su hermana. No obstante, amarla y mostrarle amor, ella nunca sintió ese apego o desborde de emoción de sus padres, como si lo hacían con sus otros hijos. Fue tan notorio esta situación que incluso sus mismos familiares les llamaron la atención porque no debían tener preferencias. Al iniciar sus estudios en el colegio, Alejandra comenzó a destacarse y a brillar con luz propia. La niña cada día mostraba altos niveles de excelencia, que los maestros apoyaban y explotaban en el aula, sacando lo mejor de ella. Por lo que se destacó y era promocionado para todos los eventos culturales del colegio. Llegando a ocupar los primeros, sino el primer lugar de promedio, como la mejor alumna del mismo. Mientras, en su familia, este lugar de privilegio nunca lo obtuvo, siempre la atención se enfocó en su hermana mayor o en su hermano menor. Ella siente que está en dos mundos, uno que tiene en su casa, en su hogar, donde no recibe una atención igual a la de sus hermanos, siempre ellos son primero y ella la última; y la otra, en el colegio, donde es considerada la mejor, la numero uno, y donde siente que vale mucho. Alejandra crecía, en sabiduría, estatura y encantos. Para algunos tenía una sonrisa muy linda, porque no obstante, esa situación de preferencia, la niña siempre esta sonreída. Asimismo, fue desarrollando una personalidad muy compleja, por un lado, callada, discreta, que obra y habla oportunamente, a veces con una fachada complaciente, pero por otras, habla con tonos, ademanes y palabras hirientes, siempre a la defensiva. Asimismo guarda rencor y resentimiento hacia su padre y su hermana mayor, mientras a su madre y su hermanito menor los adora, aunque muchas veces se muestra indiferente hacia todos ellos, como si no sintiera afecto o no le interesara ninguno. Por último, asume conductas totalmente evasivas, viviendo en las nubes, aislada del mundo, escapando de la realidad, pero, es en el fondo, muy romántica y apasionada con todo Así, al salir de su educación básica recibió diploma por ser la mejor alumna del Colegio, obteniendo la máxima nota de excelencia. Ella, fue guardando en su corazón todas estas situaciones donde se sentía amada, valorada, considerada, pero en el colegio, no en su casa o en su grupo familiar. Alejandra a pesar de tener dos hermanos, vivía mucho de la fantasía, se encerraba en su habitación, la cual compartía con su hermana y creaba para ella una vida imaginaria, se acostaba y al cerrar los ojos, se imaginaba viviendo en un Castillo, donde tenía personas que la cuidaban, la mimaban y donde ella era la princesa que disfrutaba jugando con sus hermanos en unos preciosos jardines y con juguetes que eran de ella. En ese mundo de fantasía ella era el centro aun cuando también estaban presentes sus hermanos y sus verdaderos padres. Igual que su hermana, Alejandra inició sus estudios en un liceo público. Comienza para ella el despertar a las nuevas amistades, donde incluso llegó a presenciar los noviazgos de sus amigas y compañeros de clases, lo cual al principio no le llamó mucho la atención. Continúo cada año de estudio destacándose por ser la mejor del salón e incluso del liceo, donde se sentía admirada por muchos de sus compañeros, quienes la apreciaban sinceramente, al igual que sus profesores por su destacado rendimiento y sus notas de excelencia. No obstante, a pesar de seguirse destacando en sus estudios, en su familia, Alejandra no sentía ese apoyo, ese orgullo por sus logros o al menos ese amor incondicional que había para sus hermanos. Desde que comenzó a tener uso de razón, Alejandra, en cada navidad, le pedía al niño Jesús, le regalara un novio, alguien para quien ella sería la única, la primera, el centro de su vida, además de ser el ser con quien compartir estas fechas. Ella anhelaba lo que observaba en sus amigas e incluso en su hermana, quien había llevado un novio para la casa y sus padres lo aceptaron. Seis meses antes de cumplir sus quince años, muere la abuelita de Alejandra, era la mamá de su mamá, quien lamentablemente murió de un infarto. A pesar que fue muy doloroso para su mamá está perdida, ella confiaba le celebrarían sus quince años, obviamente no como los de Jennifer, pero si esperaba una reunión o celebración con sus familiares y amigas más cercanas. Pero no fue así, esto también marco más su distancia entre ella y su hermana. Alejandra conforme crecía y se desarrollaba se alejaba más de su hermana, algo que a veces ella no entendía, porque sentía tanto resentimiento hacia ella, si a ver vamos, no tenía la culpa de ser la predilecta de sus padres. Aun cuando algunas veces, Alejandra fue castigada por las mentiras que su hermana inventaba en contra de ella, como cuando partía algo y la acusaba. Ella se defendía, pero sus padres siempre le creían más a Jennifer. Por eso, en los últimos años, cuando su hermana inventaba algo en contra de ella, ya ni se defendía, lo ignoraba, asumiendo una conducta de total indiferencia ante eso. Por fin, llegó el ocho de abril de 1976, día que Alejandra cumple sus quince años. Ella se levantó, esperando que al menos a última hora sus padres prepararan algo íntimo, pero lamentablemente no ha sido así. Su sueño de bailar el vals con su padre y su hermano o amigos, se disolvió totalmente, ni siquiera un pastel o una felicitación por sus quince años, recibió de parte de sus padres ni sus hermanos, al parecer todos lo olvidaron. Ella, ese jueves, de clima seco y agradable en la isla, se levantó igual que todos los días, se arregló y acudió a sus clases. En todo el día, no recibió una felicitación por sus quince años. Esa noche, en horas de la cena, es cuando su mamá Natalia, recuerda que ella estaba cumpliendo sus quince años y le comenta… ―Hija, hoy estas cumpliendo tus quince años y se me había olvidado. ―Así, parece –comenta Alejandra, con una voz quebrada y reflejando mucha tristeza. ―¡Felicitaciones hija!, ―Levantándose Natalia de la silla y caminando hacia ella, para abrazarla― disculpa que tu madre con tanta tristeza encima haya olvidado esta fecha tan importante para ti. ―Gracias mami. ―¡Felicitaciones Alejandra! Disculpame que no haya recordado tu cumpleaños ―dijo Román, quien también se levantó, la abrazó y la beso. ―Gracias papi. ―¡Hermanita, felicitaciones!  ―refirió Jennifer abrazándola.   ―Gracias. ―Así a secas, sin devolver el abrazo a su hermana. ―¡Felicitaciones hermanita, me duele que ninguno nos hayamos recordados de tus quince años! La edad más importante. ―Gracias hermanito ―abrazándolo y besándolo.   Es así como su familia la felicita, justo antes de irse a dormir. Ella triste por esto que acaba de presenciar, donde ni siquiera recordaban su cumpleaños, se encierra en su habitación, llorando por su triste realidad. Pero para superar esta tristeza, de inmediato cierra sus ojos y se pierde en su mundo de fantasía. Se observa feliz, con un vestido rosado, ceñido en la parte de arriba a su cuerpo hasta la cintura donde sale una falda amplia, vaporosa y larga que arrastra en el piso, entrando al salón de fiesta del brazo de su papá quien la lleva a la pista, para bailar su primer vals. Era tan real, que Alejandra escuchaba la música, la misma que bailó su hermana el día de la celebración de sus quince años. Además observa en el mismo salón, a su príncipe azul, un joven unos años mayor que ella, blanco, atlético, de ojos azules, cabellos claros, con un físico extraordinario y quien sonríe con ella. Luego, baila con él, quien la abraza y roza su mejilla con un beso. Con estas fantasías, Alejandra se quedó dormida. Ella continúo su vida normal como hasta ahora, viviendo con su familia, a quien a pesar de todas sus discriminaciones, amaba infinitamente. No obstante, su vida seguía plegada de mucha fantasía. Esto le permitía aislarse y obviar todo aquello que estando a su alrededor no le gustaba. Seguía teniendo un supuesto novio en su mundo imaginario, e incluso, así les hizo creer a sus compañeras de clases, quienes aparentemente le creían la fantasía creada por ella. Todos los días, sus amigas le preguntaban por su novio José Ángel, el cual solo existía en su mente y en sus fantasías. Ella lo idealizó, describiendolo como un joven mayor que ella, de estudios avanzados, muy guapo, de buena familia, de recursos... ―¡Hola, Alejandra! ―le saludo Rosa María. ―¡Hola, Rosa! ¿Cómo estás? ―preguntó ella. ―¡Bien!  ¿Y el novio? ―Muy bien gracias. ―¡Hola, Alejandra! ¿Y tu novio? ―interrogó su amiga Rutmery quien iba llegando. ―¡Está muy bien! Gracias ―y de inmediato se fue al salón de clases para que no le siguieran preguntando. Definitivamente, Alejandra se la pasó soñando y pidiendo al universo, un novio. Ella quería experimentar lo mismo que hasta ahora veía y leía solo en las novelas, para terminar con las mentiras que les inventaba a sus amigas, que de llegar a descubrir la verdad, la harían sentirse muy mal. Conforme crecía, también cambiaba su carácter y personalidad. A veces Alejandra, en el mismo salón, a pesar de estar despierta y supuestamente atenta a la clase, se perdía en sus fantasías, imaginando como llegaba su novio, su príncipe azul, al liceo para buscarla y llevarla a casa de sus padres. Estas fantasías las mantuvo hasta que inició sus estudios de cuarto año de bachillerato, cuando fue cambiada de liceo, porque sus padres se mudaron a otra urbanización dentro de la misma isla, en la cual buscaron una institución más cercana, para que sus hijos terminaran la educación diversificada. En esta urbanización, conocieron nuevas personas e hicieron nuevos amigos, sobre todo Alejandra, quien a pesar de todo hacia amistades muy rápido, porque es sociable, amistosa. Un día, al salir de clases y camino a su casa, distraída y absorta en sus pensamientos, se tropieza con un joven que no es de la zona donde ella vive, pero quien le llamó la atención, porque era el primer muchacho que la piropeaba y la seguía, pidiéndole ser su amigo… ―A mis amigos los conozco, a ti es la primera vez que te veo ―contestó Alejandra, pronunciando sus palabras con desdén. ―Entonces detente, para que charlemos, me interesa realmente hablar contigo. ―No, no me interesa, ―respondió ella, con indiferencia― Además, voy retrasada a mi casa y después mi padre me regaña. ―Pero nada te cuesta detenerte un momento por favor, ―le explicó el joven desconocido, acercándose a ella―, mientras nos presentamos. ―¡Mucho gusto, Alejandra! ―manifestó deteniéndose y haciendo un gesto de impaciencia. ―¡El gusto es mío! Gilberto Rojas ―apretando la mano de Alejandra. ―Ahora, si me voy ―anuncia ella y voltea para seguir caminando. ―Definitivamente andas apurada. ― ¡Sí! ya te dije que me esperan y mi padre me regaña si me retraso mucho. ―¡Ok!  Fue un placer conocerte. ―Y se quedó de pie, observando como ella a paso rápido avanzaba hacia su casa. Alejandra, aligeró su paso porque se le había hecho tarde y seguro ya su papá estaba en la casa. En todo caso, mientras lo hacía, recordaba el rostro del muchacho que se le acercó, el cual distaba mucho de ser el príncipe que siempre imaginó en sus fantasías. A partir de ese momento, este joven se le acercaba cada vez que salía del liceo, para acompañarla, pero hasta cerca de su casa, por temor a que su papá se diera cuenta y la regañara. Alejandra se sentía atraída, pues era el primer muchacho que se le acercaba y no era con el interés de formar parte de un grupo de ella, por ser la mejor alumna del salón o del liceo, sino que simplemente lo hacía, de seguro atraído por ella, quien estaba en pleno crecimiento y desarrollo de su cuerpo, en el paso de niña a mujer. Ese día, al salir lo vio de pie, en la esquina de la calle que va al liceo, ella acercándose lo saluda… ― Hola Gilberto ¿Cómo estás? ― Hola Alejandra, estoy muy bien, pero tu ¡estás muy bella! ―Gracias ¿esperas a alguien? ―Si, a ti. ―¡Ah, que bien! Bueno, aquí estoy, ¿me buscabas para algo?... dime ―Sí, te busco para hablar contigo ― ¿Sobre? ―Sobre lo que me gustas y ¿si quieres ser mi novia? ―Me parece que vas muy rápido, ―el interrumpiéndola ―¿Tú crees? ―Sí. Apenas te voy conociendo ―agregó Alejandra. ―El noviazgo es para eso, precisamente, para conocerse ―opinó él ―Pero no te puedo dar una respuesta aun ―le respondió como dudando de él Alejandra.   ―Lo importante es que lo pienses, mientras ¿te puedo seguir acompañando? ―Por mí, no hay problema. Los dos siguieron caminando hacia la casa de Alejandra. Con el paso de los días, ella terminó aceptándolo y recibió de parte de Gilberto sus primeros besos. No obstante, a los pocos días de esto, ella se entera por accidente, escuchando una conversación entre dos estudiantes del liceo, que él era el novio de una de las hijas de la costurera, pero ella, desconfiando del chisme, no dio crédito a esas palabras. Y continúo con Gilberto, como si nada, aun cuando a veces, conversando con él, sentía la necesidad de preguntarle, pero por temor a su respuesta, no lo hizo. Hasta que una tarde, su hermanito Román, la encuentra caminando con él, se le acerca y no se separa de ella, observando todo el tiempo al joven que la acompañaba. Cuando llegan cerca de su casa, Gilberto se detiene, se despide de ella con un beso en la mejilla y ella continua hacia la casa con su hermano. Quien apenas ve que el joven se aleja, le comenta a su hermana… ―Sabes que Gilberto es el novio de Mildred, la hija de la costurera. ―¿Estás seguro? ―le pregunta incrédula e impresionada Alejandra a su hermano. ―Sí, porque los he visto besándose, él va todas las noches a visitarla a su casa. ―replicó Román―. Cuando me mandan a comprar algo, mis amiguitos y yo, nos ponemos a espiarlos, porque se dan unos besos, como en las novelas. ―Por favor, hermanito no digas nada en la casa, ―le ruega decepcionada y creyendo en sus palabras Alejandra a Román―, aunque no tengo nada con él, no me gustaría que papá y mamá se enteraran. Esa noche, Alejandra vivió su primera derrota en el amor, porque él, la engañó, la irrespetó, le faltó, al hacerle creer que no tenía novia y proponiéndole un noviazgo oficial cuando ya tenía otro compromiso, con otra muchacha. Además, que le dolía, porque estaba disfrutando su compañía, su conversación y sobre todo la forma como la trataba, como si fuera una reina, el, le decía muchas cosas bonitas, haciéndola sentir importante. Esa noche, ella lloró encerrada en su habitación, alegando tener un fuerte dolor de cabeza. Pero, su hermano si sabía lo que le pasaba solo que por lealtad a ella no comentó nada. Al siguiente día, Alejandra salió del liceo y al observar a los lejos a Gilberto, esperándola, sintió una rabia muy fuerte, por la burla que él le había hecho, cerrando fuertemente sus puños y mirándolo con odio y rencor, decidió esquivar su compañía, devolviéndose al liceo, para esperar a sus compañeros y salir de ahí con todo el grupo. Una vez que los ubicó, sin hacer comentario alguno, se unió al grupo y salió con ellos del liceo, de tal manera, que él no se le acerque y así lo hizo. Alejandra, de ahí en adelante, esperaba a que el grupo saliera para salir con ellos, asegurándose que él no se le acercaría. A los dos meses de haber visto por última vez a Gilberto, Alejandra es invitada por sus amigas a recorrer un centro comercial de la zona, lo cual fue autorizado por sus padres. Ella salió con el grupo, quienes entretenidas todas con las vidrieras del centro comercial, no tocaron para nada el tema del novio de fantasía de Alejandra. Ella estaba un poco nerviosa, porque si le preguntaban no sabía que decir.  Caminando el centro comercial, Alejandra, se encuentra de frente con Gilberto. Quien dando muestra de una fuerte rabia contra ella, la tomó por el brazo y le exige una explicación. Sus amigas asombradas, preocupadas por la forma como la enfrentó y para defenderla, lo rodearon en actitud agresiva. Alejandra para evitar un escándalo, no le quedó más que pedir a sus amigas, que se calmaran que no pasaba nada, que le dieran unos minutos mientras hablaba con él. Ella se suelta de su brazo, camina unos pasos hacia adelante, para retirarse un poco del grupo, preguntándole… ―¿Qué te pasa? ¿Por qué me tomas así? ―le pregunta Alejandra a Gilberto, mirándolo con rabia, odio y muy enojada. ―¿Qué te pasa a ti conmigo? Sin darme ninguna explicación me has esquivado todo este tiempo y me has dejado de hablar, ni siquiera me dijiste de frente que habíamos terminado. ―¿Qué habíamos terminado qué? si nunca fuimos nada ―refirió Alejandra. ―Eso sera para ti, pero para mí si fue importante, lo que estábamos viviendo, por eso quiero una explicación, ―le exigía fuera de sí Gilberto a Alejandra, llamando la atención de todo el que pasaba cerca de ellos. ―Tú no tienes derecho a nada, sencillamente no me interesas, ―respondió Alejandra con desdén.   ―Porque no me lo dijiste de frente, estuviste todos estos días ignorándome, ―le gritó Gilberto con enfado. ―¡Lo siento! Pero como no teníamos nada, no pensé que estaba obligada a explicártelo. ―Creo que si teníamos algo y por lo tanto tengo derecho a una explicación ―volvió a exigir Gilberto, bajando el tono de voz, para evitar escándalo. ―No tienes derecho a nada y sinceramente no me interesa nada que venga de ti, por favor, déjame en paz, te voy a agradecer no te acerques más a mí ―le exigió Alejandra, con rabia. ―Como tú quieras ―gritó Gilberto, totalmente fuera de sí y alejándose de ella. Ella se alejó también de él y caminó hacia donde estaban sus amigas esperándola. Todas estaban sorprendidas, porque siempre pensaban que lo del novio de Alejandra era puro cuento de parte de ella, así que ansiosas por saber que había pasado, de inmediato condujeron a Alejandra hacia un lugar donde pudieran sentarse para que les contara, pero no sin antes preguntarle… ¿Qué paso con José Ángel? ―le cuestionó Ana Teresa―. Porque la descripción que nos hiciste de él, no coincide con la de este chico. ―Desde hace mucho tiempo terminé con él. ―Y entonces ¿este quién es? ―Gilberto, un imbécil, que me hizo creer que no tenía novia, pero mi hermanito, conociéndola, me contó todo. Así que no lo dejé que se me acercara más. ―Pero ¿Cómo fue? ¿Qué paso? ―El me buscaba siempre al liceo, me acompañaba hasta cerca de la casa, me pidió que fuera su novia, lo acepté y después fue que lo descubrí. Pero no le voy a dar el gusto de decirle porque lo dejé. ―¡Amiga que mala suerte!, con apenas dieciséis años y ya llevas dos fracasos amorosos ―afirmó Flor ―, es como de mal agüero. ―No digas eso, no la empaves ―sacudiendo sus manos Ana Teresa. ―Pero lo importante es que quedó como un imbécil como tu dijiste  >  porque no sabe a ciencia cierta porque lo dejaste  >  Bien por ti, amiga ―citó Rosalinda. ―Pero aún me duele, así que a seguir caminando y paseando, para olvidar el mal rato. ―Amiga, pero no te aflijas ya llegara quien si te hará conocer el verdadero amor ―le pronosticó Flor. ―De eso estoy segura, solo que debo esperar. ―Por lo visto, nosotras además de amigas, tenemos en común, que ninguna ha tenido éxito hasta ahora en el amor ―agregó Ana Teresa. ―Sin embargo, no, nos daremos por vencidas y seguiremos mirando hacia adelante, en búsqueda de nuestro príncipe ―haciendo un gesto con sus dedos y ojos, Flor ―. Para que no se nos escape ningún candidato. Así que esa tarde, le sirvió a Alejandra para reivindicarse con sus amigas, porque de aquí en adelante, ya no tendría que inventar nada, ya que sabían que ella también ha tenido sus encuentros amorosos. Alejandra, se retiró temprano, porque la fue a buscar al centro comercial su papá. Quien, mientras iban en el carro, le preguntó… ―¿Cómo te fue, hija? ―¡Muy bien! ―¡Me alegro! y ¿Cómo les va a tus amigas? ¿Han seguido estudiando? ―Sí, van igual que yo, finalizando cuarto año. ―¡Qué bien!  Siempre mantente en grupos así. ―Si padre. Gracias, por darme permiso para disfrutar con ellas. ―Te lo mereces. ―Gracias ―sintiendo por primera vez, que si le importa a su padre. Al llegar a su casa, Alejandra, saludó a su madre, sus hermanos y se retiró de nuevo a su habitación, para llorar nuevamente, por este encuentro con Gilberto. Ella, tratando de olvidar lo vivido y para superar esto, se puso a leer una de las novelas rosas que tanto le gustaban, así consiguió calmarse y olvidar la situación que había vivido por culpa de Gilberto. Con el paso del tiempo Alejandra fue olvidando poco a poco, esta mala experiencia. Dedicándose de lleno a sus estudios y a su objetivo principal, ser la mejor. De ahí, que al finalizar este año escolar, Alejandra fue la mejor promedio de su liceo, nuevamente. Destacándose incluso por encima de su hermana quien también ha sido buena estudiante. Solo que su hermana obtenía el título de Bachiller y ella pasaba para quinto año. Sus padres estaban muy orgullosos porque Jennifer obtenía el título de Bachiller, si bien es cierto no se esforzó por estar en los primeros lugares de su promoción, para ellos fue un orgullo que su hija se gradúa de Bachiller y así lo hicieron saber. Esto trajo como consecuencia que su padre hiciera una celebración con familiares y amigos por la obtención del grado, de su primera hija. No obstante, para Alejandra quien había obtenido el mejor promedio ese año del liceo, no hubo ninguna celebración. En este evento, las amigas de Jennifer felicitaron a su hermana, por ser la alumna con el máximo promedio del Instituto… ―¡Alejandra, felicitaciones! te vi en la cartelera del liceo, eres el máximo promedio de este año. ―Gracias y felicitaciones por tu título de Bachiller, Rocío. ―¡Felicitaciones, Alejandra! ―Gracias e igual para ti ¡felicitaciones! por tu graduación, Paola ―¡Felicidades, Alejandra! - ―¡Gracias, Trina! y felicitaciones a ti también. ―Gracias ―respondió Trina, observando junto con Alejandra hacia la puerta de entrada, por donde llegaba un grupo de jóvenes. ―Me disculpan, pero voy a recibir a mis amigas, ―alegó Alejandra, mirando hacia la entrada de su casa. ―Ok ―respondió Trina. Las amigas de Jennifer, como eran asiduas visitantes a esta casa, se habían dado cuenta, como a Alejandra, no le prestaban mucha atención a pesar de los logros de ella en el liceo

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