Alejandra, ya siendo casi las once de la noche, se despide de Rosa y le comenta si Román le dijo algo sobre venir a dormir a la casa. Ella le respondió que no, pero que no se preocupara porque de seguro ya estaría por llegar. Ante esta respuesta, Ale, no tuvo otra opción que entrar a su habitación lo más silenciosa posible, fue a la cama de su hija, la besó y la arropó. Luego, se acomodó en su cama del lado contrario a donde estaba Diego Alejandro dormido. Ella apagó la luz de la lámpara para dejar la habitación totalmente en penumbra y al hacerlo, sintió los brazos fuertes de él como dos ganchos poderosos que no la dejaron moverse. Además de escuchar en su oído el susurro de su voz, pidiéndole no grites ni hables porque Bella se puede despertar. Él se levantó, entró al dormitorio de la

