CAPITULO 14

1798 Palabras
CUERVO Tomo en mis brazos a Amelia, está dormida y cansada después de todo lo que hemos hecho. No voy a decir que me arrepiento, hace mucho que quería enterrarme en lo mas profundo de ella. He esperado pacientemente, pero verla hoy con ese intento de falda, con ese exquisito y candente disfraz fue el fin para mi. Todo mi autocontrol se fue por el caño y la bestia que había en mi, esa bestia despiadada, morbosa y sádica salió al ruedo. Me comporté como todo un hijo de perra, pero aun cuando la forcé a dejarme entrar en ella, sabia que le estaba gustado, su boca lo negaba porque eso era lo que le gritaba su razón, pero su cuerpo, vamos... su cuerpo me gritaba cuanto lo disfrutaba, cada reacción, cada sensación, era una señal de cuan dañada es mi Gacela. Le gusta jugar con la oscuridad que hay en mi, ella es intrépida y curiosa, la oscuridad que sale de mi, la atrae como una polilla a un farol, y eso me encanta. Comienzo a caminar con ella en mis brazos, su cuerpo está débil, su respiración es pesada y sé que no despertará hasta mañana. Hoy la he marcado como mía, aunque mi cabeza me lo gritaba desde aquel día que la vi en el evento. No iba a venir a esta fiesta, pero me llegó información que el hijo de perra que estoy cazando ha estado rondando a mi Gacela y sobre mi cadaver dejo que le ponga una mano encima. Si es la persona que creo que es, no se cansará hasta llegar a mi. Témenos una historia, y todo aquello que pasó en el pasado lo ha llenado de resentimiento hacia mi. Aunque es ridículo, porque nunca le di alguna señal de que podíamos tener una amistad. Sé que todo esto es un juego para él, le encanta la emoción de la caza, acorralar a la presa y tenerla a la expectativa, nadie nunca sabe de donde viene el ataque, pero cuando pone las manos encimas lo hace para destruir y no dejar nada de la persona. Lo he visto en cada caso, la maldad, el sadismo, la oscuridad con las que le arranca la vida a cada una de sus victimas. Nunca le he dado municiones para que me ataque, nunca he tenido un debilidad hasta ahora. Observe el hermoso rostro de la mujer que llevo en brazos. Puede que el sexo sea el mas bastardo y que nuestra primera vez allá sido de esta manera, pero fuera de allí, ella es mi mas hermosa obsesión. Quiero cuidarla, protegerla de todo, nunca me había sentido de esta manera. La necesidad de saber donde está, con quien está, que está hacienda es abrumadora. Necesito tener el control sobre ella, hacerle entender que yo soy lo mejor, que soy el único que la puede mantener a salvo, que soy lo único en lo que debe centrarse. Me encargará de eliminar a todo aquel que quiera quitarme su atención, porque yo debo ser el centro de su mundo. No voy a decir que la amo, porque yo no sé que es ese sentimiento. Dado mi condición, carezco de emociones, pero si me tocara definir lo que siento cuando la veo, cuando la toco o cuando la siento, podía decir que es la emoción mas retorcida, y enferma que he tenido en mucho tiempo. Si voy a definir lo que esta mujer me hace sentir, es una necesidad enferma e insana de apoderarme de cada parte de ella, de quebrarla y volverla armar para que cada parte se amolde a cada una de las mía. Necesito hacer que me necesite de la misma manera en que yo lo hago con ella, deseo ser la única persona que habite en su cabeza, en su corazón y en su vida. Que sea su única razón para seguir respirando, tener el poder de controlarla, aun permitiéndole volar, pero con la certeza que el día que quiera la puedo hacer caer, tengo esta necesidad insana de poseerla de todas las maneras posibles, hasta sumirla en mi oscuridad y que se queme hasta los cimientos en las llamas de mi infierno. Después de caminar un largo tramo, llego al desolado estacionamiento. Como puedo abro la puerta de mi auto, y deposito con sumo cuidado a Amelia. Le coloco el cinturón de seguridad y me la quedo observando. Tiene el cabello todo enmarañado, el maquillaje se la ha corrido, ramitas se incrustan en esa melena rojiza. Su rostro refleja tranquilidad, como si supiera que en mis brazos está segura. Y eso no puede dudarlo, porque puedo ser el bastardo mas jodido de la cabeza, pero nunca le haría daño, a no ser que estemos follando, dado que tengo una manera un tanto peculiar de manejar mi vida s****l. Con la yema de mis dedos le acaricio el rostro. Es tan hermosa, la creatura mas bella que mis ojos hayan visto. Esas hermosas pecas que adornan su rostro son como si el universo decidiera que debería llevar plasmada las estrellas allí. La piel cremosa y suave como la seda, esos labios carnosos, esa nariz respingada y diminuta, solo le da ese aire inocente que altera mi perversidad, las ganas que tengo de corromper su alma, como he corrompido su cuerpo me abruman. Tomo una bocana de aire, y me alejo de la puerta. La cierro y camino hacia el asiento del copiloto. Me subo a mi auto y me pongo en marcha hacia su apartamento. Me muero por sacarla de ese nido de rata, ella necesita un lugar que esté acorde a lo que es. Una jodida reina, y las reinas necesitan joyas, vestido y un enorme palacio. Por lo que he averiguado mi Gacela viene de una buena familia, su padre ha intentado de todas las maneras posibles que ella tome las riendas de la compañía, pero mi cosita es bastante terca y ha decido que quiere labrarse su propio camino. Sonrío al recordar que me dijo que yo no sabia quien era su padre. Le aseguré que él era el que debía temerme y no lo decía solo por asustarla. Una llamada me saca de mis pensamientos y veo el nombre de la persona que ha interrumpió mis pensamientos. Giro la cabeza y me cercioro que Amelia siga profundamente dormida. -Raven – El acento ruso se hace presente al otro lado de la línea. -Ghost – Le saludo a uno de mis grandes amigos. -¿Cómo va todo? -Como la mierda – Respondo dándole cortas mirada a mujer que va a mi lado. -¿Te está dando problemas? -No estoy seguro que sea él. Pero si lo es, voy a matarlo como debí hacerlo hace mucho tiempo atrás. -¿Por qué no estas seguro? -Hace un tiempo que no tenia noticias ¿Por qué aparecer ahora? -Sabes lo obsesionado que está contigo. Blanqueo mis ojos. Jodido infierno, nunca debí ayudarlo aquella vez, debí dejar que se desangrara en aquella calle de Londres. -¿Cómo están los demás? – Cambio de tema no queriendo seguir hablando del mal nacido que me tiene en un jodido juego del gato y el ratón. -Como siempre, Queen obsesionada con un estudiante de universidad, y manejando todo desde las sombras. Devil, matando a todo aquel que mire a su mujer, y destruyendo el imperio que ha creado su padre junto con el padre de la mujer que lo tiene colgado, Flame, detrás de Devil, porque parece que no pudieran despegarse y yo... - Se queda callado, siento como se remueve en lo que parece ser una silla de ruedas – Ya sabes, intentando no caer en la jodida tentación y mantener alejada la maldita obsesión. No me quiero convertir en las bestias salvajes que se han convertido ustedes. Suelto una carcajada. -¿Por qué no te dejas llevar simplemente por los instintos? – Inquiero en un tono divertido. -Es como mi hermana, llegó a mi vida desde que tenia doce años – Toma aire – Como puedo pensar si quiera en ponerle una mano encima. Es asqueroso. -No es tu hermana – Le hago ver lo obvio. -Prácticamente la crie – Puedo sentir la frustración en su voz. -Déjala ir. -Ni de coña, ella es mía. Sonrío y allí está, ese demonio que ha querido enjaular. Esa es la diferencia de muchos seres humanos, algunos prefieren encerrar en una jaula sus mas bajos instintos, aquellos demonios que amenazan con consumirles la cordura, otros, como yo, simplemente le damos rienda suelta, y no dejamos que ellos consuman a nosotros, si no que nosotros los sometemos a ellos. -¿Has logrado averiguar de donde vino? -Si... al parecer es un proyecto que toma niños de la calle y los vuelve en unas jodidas maquinas para matar. La chica es como un maldito robot, si tu, Queen y Devil carecen de emociones, está chica les gana, es como un animalito salvaje que solo ha sido criada para eliminar todo aquello que coloque en peligro amos. -No le veo el problema. Además deja de llamarla niña, ella ya es toda una mujer. -Si la veo como una mujer, no voy a poder aguantarme. -No lo hagas... -Sabes que no puedo. -Que terquedad – Me burlo. -Estoy intentado hacer lo correcto, -¿Desde cuando haces lo que es correcto? Eres el jodido terrorista mas buscado del mundo. -Voy a dañarla mas si dejo que mis instintos mas bajos salgan a flote. -Ella ya está dañada, y solo tienes que dejar que ambos se consuman – Al decir eso vuelvo y le doy una mirada a Amelia, sigue profundamente dormida. -Intento no dejarme enloquecer mas como ustedes. -Quien no permite que la locura toque su vida, está condenado a nunca vivirla. -Solo quería avisarte que todos preguntan por ti... -¿Cuándo es el próximo ataque? -Estoy planeando algo grande... -Como todo lo que haces... Con eso la llamada termina. Vuelvo a mirar a mi Gacela, dormir plácidamente a mi lado. Como debe ser, yo no voy a cohibirme de tenerla, solo porque yo estoy dañado, eso es un pensamiento estúpido. La locura, no es una carga que todo el mundo sabe llevar, dado que si no sabes manejarla, puedes resultar perdido en ella. Y yo hace mucho que supe como domar a la mía. Después de unos minutos, por fin llegamos al barrio de mierda de Amelia, estaciono el auto, me bajo y camino hacia el lado de su puerta, la abro y vuelvo a tomarla en mis brazos. -Vamos a cuidarte. Gacela – Le dio al oído y deposito un casto beso en sus labios. Ya no concibo vivir sin ella es mi vida. Esa es la realidad de mi vida ahora.
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