DESCONOCIDO
-Eres demasiado hermosa. Entiendo porque él está, tan obsesionado contigo – Le hablo a la mujer que tengo sentada en una silla con unas briagas enrolladas sobres sus delicadas muchas y sus débiles tobillos.
Le doy una sonrisa, pero mis pensativas palabras contrastan marcadamente con la neblina maligna que se nubla sobre mis ojos mientras mira fijamente a la hermosa mujer. Cabello rizado rojizo, ojos color miel, su piel de porcelana es como una hermosa perla.
Ha estado encerrada en esta habitación tres días. Solo la he alimentado con agua, uno de otro pedazo de pan rancio y nada más. necesito que sea mas delgada, aunque no sé si pueda aguantar tanto tiempo antes de comenzar a divertirme.
No quiero que se vaya.
No precisamente.
Ella me mira con un claro terror en los ojos y eso solo aviva más mis ganas de destrozarla, de quebrarla en tantos pedazos que no pueda ser nunca más sanada. Lo que pasa por mi mente no es nada agradable. Siempre hay un motivo oculto y normalmente está tan oscuro como el cielo nocturno de otoño que puedo ver fuera del escaparate.
Todo esto es por él.
Si tan solo me hubiera elegido hace unos años ahora estaríamos haciendo esto juntos. Somos iguales y es tan terco que no quiere aceptarlo. Yo, yo soy todo lo que necesita, podríamos divertirnos cada noche, dejar que las voces en nuestra cabeza salgan a jugar y darles todo lo que piden. Sumirnos en la locura y dejar que toda aquella oscuridad nos abrace con fuerza.
-¿Por qué haces esto? – Pregunta la hermosa mujer con voz temblorosa.
Tiene los ojos inyectados en sangre. El cabello enmarañado, un golpe en el pómulo izquierdo, varios cortes en los brazos y piernas, las muñecas las tiene en carne viva de tanto que ha intentado soltarse de las cuerdas que la sostienen. El pecho se le agita, la respiración se le acelera y sé con certeza que si me acerco el pulso lo tendrá latiendo bastante rápido.
Miedo.
Eso es lo que me alimenta.
Ver ese ese terror en los ojos de cada presa.
Quiero representar la suciedad que se reproduce en mi mente a diario como el hijo de puta sucio que soy.
-Por qué quiero él sufra – Camino hacia ella con el cuchillo de carnecería de punta fina que sostengo en mis manos – Quiero que pierda eso que tanto desea. Quiero ser yo el único en su vida, al único que le de su atención.
Él me salvó la vida, me vio por primera vez aquella noche donde casi me desangro en una de las asquerosas calles de Manor house. Me recogió, sanó mis heridas, me alimento, me dio un techo y me cuidó como nunca nadie lo había hecho, pero luego como todas las demás personas en mi vida, se abandonó, aun cuando somos tan parecidos.
-¿Por qué yo? – Sacude la cabeza y solloza – Nunca te he visto. No sé quién eres - La voz que me da es dulce e inocente. El tipo de voz de la que me alimento, como un virus que desangra a su huésped.
Cree que si intenta razonar conmigo algun día abandonará la habitación, pero está equivocada nadie sale de mi habitación de juegos, bueno... nadie sale con vida.
El diablo usa muchos disfraces, y cuando me conoció en aquella librería tenía un aspecto sencillo y aburrido, el dueño de una librería, el chico enigmático que le encanta la lectura, pero es tímido para socializar, el joven guapo, respetuoso y caballeroso. Fue tan fácil hacerla caer en mi red. Es chico tan aburrido que no podría llevar una doble vida, ¿verdad?
Las chicas deberían de aprender que esos chicos son los más peligrosos.
-¿Por qué tú? - Digo, el deseo de robarle su último aliento arde sus ojos – Porque eres hermosa.
Sigo acercándome a ella. Su delicado cuerpo tiembla ante cada paso que doy, el labio le tiembla, comienza a sacudirse en la silla. Grita y grita, que se desgarra la garganta.
Inútil. Nadie vendrá a salvarla. Así como nadie vino por todas las que han pasado por esa misma situación igual a ella.
-¡Suéltame! – Grita – Eres un demente. ¡Déjame ir!
Suelto una carcajada. Sus gritos son melodías celestiales para mí. Escuchar a mi presa suplicar, es como una dosis de la mejor droga para mí. Saber que dentro de poco me bañaré con su sangre, que tendré su corazón en mis manos, que soy lo último que verá es maravilloso.
No puedo evitar sonreír para mis adentros al ver cómo está jugando en mis manos. No tiene idea de lo que le espera esta noche, y así es como me gusta. Al menos para mí la ignorancia es una bendición. No creo que le resulte tan feliz cuando su ignorancia lo alcance.
Deslizo el cuchillo por su garganta y con la otro mano me golpeo la barbilla con el dedo, fingiendo estar perdido en mis pensamientos. Pero no estoy pensando; Mi mente es una caverna vacía, una oscuridad esperando ser llenada con sus gritos. Puede que mi cuerpo parezca tranquilo, pero cada átomo de mi ser está chillando, gimiendo como un alma en pena, rogando que liberen a la bestia de su jaula.
-Será una hermosa muñeca si te portas bien – Digo con voz pensativa – Tienes un cabello muy hermoso, un color de ojos preciosos.
-¡Aléjate de mí! – Grita.
Sacudo la cabeza.
-No te muevas mucho – Digo en un tono condescendiente – Vas a lastimarte y me gusta mantener intacto el rostro.
He esperado mucho tiempo por esto. Esa bestia no permanecerá enjaulada por mucho más tiempo, pero unos minutos más para esperar el momento oportuno no vendrán mal. Y oh, qué dulce tortura es estar tan cerca de conseguir todo lo que siempre he querido.
Me encanta cómo brilla a la luz de la luna, mientras me paro y miro el oscuro cielo nocturno, tomándome un momento para disfrutar la anticipación de lo que está por venir. La sensación es exquisita; la muerte está a sólo un inquietante y hueco suspiro de distancia.
-¡Déjame! – Grita desesperada la mujer – Aléjate.
Comienza a irritarme, me está dañando el momento. Me gusta saborear el olor de la muerte, absorberlo y disfrutar de los últimos minutos de vida de mis presas. Pero algunas son ruidosas, como ella.
Deslizo con cuidado el cuchillo por su rostro, con cuidado de no hacer ni un solo corte. Como dije, me gusta mantener el rostro intacto, conservar la belleza que en ellos habita. Ella se retuerce, me mira con temor, con suplica en esos bonitos ojos miel.
-Shh – La arrullo – No pasa nada.
-¡Por favor! Déjame ir – Susurra – No le diré a nadie que pasó aquí. Solo déjame ir.
-No puedo - Le explico – Tengo que hacerle saber que sigo aquí. Que nunca me he ido de su lado, que por más que me abandonó. Yo lo he seguido, nunca me he apartado. Quiero que vuelva a notarme.
La cámara sigue trasmitiendo en vivo, tengo el rostro escondido bajo una máscara de Ghostface. Por más que quiera que él sepa que yo soy el causante de cada muerte que se deja en los parques, no quiero que otra persona lo sepa, por eso cuando juego con mis presas y lo trasmito, me coloco una máscara diferente.
La sangre en mis venas corre libremente ahora, mi corazón late constante, resonando desde mi pecho hasta mis oídos, hasta la punta de los dedos de mis pies. Los gritos inundan la pequeña habitación cuando en un rápido movimiento entierro el cuchillo en su barbilla y comienzo abrirla, la sangre comienza a salir por borbotones, como un maravilloso rio.
Sentir esa dulce inyección de adrenalina que solo surge al beber el miedo nadando en los ojos de tu víctima. Es adictivo y... Lo admito, soy un adicto. Y mi droga preferida es acabar es saber que tengo el poder de quitarle la vida a otro ser humano, saber que soy como un dios, que decide quien vive y quien no.
Me alimento del terror, el terror que tan fácilmente inflijo a los demás.
Sigo bajando el cuchillo por todo su tórax abriéndola como si fuera un animal, como si su vida no valiera nada. Y realmente para mí no vale nada. Ella grita y grita, suplica que pare, que la deje ir, y eso solo aviva más mi deseo de destruirla.
Cuando ya no soporta más exhala su último aliento, pero no me detengo. Llevo el corte mucho más abajo, hasta su pelvis, dejando que los intestinos se derramen por todos lados, el olor a acre y oxido golpea mis fosas nasales.
Me detengo con una sonrisa maliciosa en la cara. El rostro sin vida, de la preciosa pelirroja me excita. Estos podríamos ser él y yo. Pero siempre escoge a alguien más, si no son sus amigos, era ella y ya me cansé de que me haga aun lado.
Espero que esté listo para nuestro encuentro. Le daré una muestra de lo que ha creado y le haré saber que cada muerte es culpa de él y si no viene a mí, todas las demás victimas también serán culpa de él.