Capítulo 110 Disparos Iván El volante estaba firme bajo mis manos, pero el auto no. La lluvia había caído con una furia constante durante la última hora y ahora el asfalto brillaba como una superficie traicionera bajo las luces, demasiado liso, demasiado oscuro, demasiado dispuesto a hacerme perder el control por un solo error. Apreté la mandíbula y mantuve la vista fija al frente, siguiendo la línea húmeda de la carretera mientras el limpiaparabrisas se movía con violencia de un lado a otro, sin lograr despejar del todo el agua que seguía golpeando el vidrio. Y yo iba demasiado rápido. Lo sabía. Lo sentía en la tensión de mis brazos, en el leve desliz de las ruedas cada vez que tomaba una curva, en la forma en que el motor respondía con una fuerza áspera, empujándonos hacia adelante co

