CAPITULO 44. Las siguientes horas las paso de mal humor. Un humor que ni siquiera sé si es necesariamente por la mini discusión con Smit, que me dejo un mal sabor de boca, o porque con él el vacío en mi pecho se ha vuelto casi invisible ante mis sentidos. Lo que sé es que se queda ahí, permanente en mi cabeza y en mis emociones. Todo me irrita, leer me fastidia, tratar de dormir es incomodo cuando no hay sueño, escuchar música hace que me duelan los oídos, simplemente estar sola conmigo misma es un detonante a mi mal humor y salir no es una opción. Siento que si lo hago, que si salgo, estoy con mis amigos y me distraigo, esto no me va a funcionar porque las increíbles ganas de gritar, de patalear, de mandar a todo el mundo a la grandísima mierda, explotaría en cualquier segundo, por

