Capítulo 1
—Una flecha a las 12 en punto en la Avenida Marshall para un tal Robert Parker. Pelirrojo, alto y con acento irlandés.
—No es justo, papá siempre te pone a los fáciles. A mi en descripción me pusieron que estará con casaca negra y bufanda. Una chica con mechas californianas. ¿Sabes cuantas hay de esas?
—Cosa de suerte, podría decirse que soy el favorito de papá —le sonríe Stephan a su hermano mayor sacándole pica.
—Tonterías, es solo porque recién empiezas con esto, ya verás que poco a poco papá te la pondrá difícil.
—Si claro… Todo esto es pan comido, así que, con tu permiso, me voy a hacer mis tareas.
—Recuerda Stephan, debes disparar tras la nube, bajo ninguna circunstancia pueden verte. ¿Lo sabes?
—Sí, sí, como sea Andrew. Suerte con la chica californiana —se despide de su hermano y se va volando a hacer su labor.
Stephan busca en el gran mapa que le obsequiaron la dirección. Avenida Marshall, cuadra 13, en la banqueta. Lee las indicaciones una vez más y cuidadosamente sobrevuela el lugar. Tiene que esperar el momento en el que ese tal Robert se cruce con la chica misteriosa para poder lanzarle la flecha. Una flecha de amor, más tarde le tocaría una flecha del olvido para un matrimonio frustrado. Ya entraríamos en detalles después.
Ahí esta Robert, más grande de lo que imaginó, se encuentra leyendo el periódico y tomando un café. Stephan mira el reloj de bolsillo que trae y tan solo faltan cinco minutos para la hora prevista, ¿Dónde estaba la chica? ¿O se trataba de un chico? De igual manera, no pasaba nadie por aquí, ¿en que momento le tendría que disparar la flecha?
De pronto pasó un perro, volvió a ver la hora y ahora tan solo restaba un minuto. ¿Tendría que dispararle ya? No creía que el amor humano – animal esté aceptado por su padre, es más, si mal no lo recordaba en lo estudiado recientemente, eso era una aberración tanto para los miembros del cielo, como para los de la tierra. El perro se fue y Stephan suspiró, tenía miedo de fregarla por completo…
Ya era la hora prevista y aún nada de nada, pero que aburrimiento. ¿Papá no se habría equivocado? Decidió llamar a su paloma mensajera y escribirle a Andrew, tal vez el pueda ayudarlo…
´´Creo que papá se equivoco con mi tarea, estoy en el lugar previsto, con el humano bajo mis narices, pero no encuentro con quién emparejarlo´´ Le mando la paloma a su hermano, esperando que la respuesta no demorara…
´´Resuelvelo tú Stephan, papá nunca se equivoca. Lee en tus apuntes de tus últimas clases, sabes que si fallas tendrás que llevar un año de refresco´´
Ay, como detestaba cuando Andrew se ponía en modo sabelotodo. Un año más de estudio sería inaceptable para Stephan, todo esto de la labor de cupido no era de su completo agrado, era fácil sí, pero su padre debería ser más específico con las tareas ¿no?
Ya nos habíamos pasado 5 minutos del tiempo previsto, para los humanos esto podría ser nulo, pero en el mundo mágico, cada segundo contaba. Si Stephan algo recordaba de las clases era que, en ocasiones de emergencia, se podía bajar al mundo humano, claro que sin que las alas estén a la vista. Luciendo lo más humano posible.
Stephan bajo y observó detenidamente al señor, este de inmediato guardó su periódico.
—Buen día, ¿tendrá la hora? —Pregunta básica para lucir ´´normal´´, otra cosa que Stephan recordaba perfectamente.
—Claro —el señor buscó en su bolsillo su celular y lo desbloqueo. Stephan nunca había visto algo así, ¿qué sería ese objeto brillante? ¿ese era el televisor o el móvil? Tantas cosas distintas en la Tierra, resopló. Habría que repasar el curso de Tecnología Humana para la próxima. —¡Uy es tarde, ya será la una! —Se puso de pie el señor.
Ay no, no se podía ir. Si le lanzaba la flecha en otro lugar su padre se enteraría y se metería en graves problemas. Y si no le lanzaba la flecha, aún peor.
—¡No, no! —gritó Stephan asustando al señor —Digo, su reloj está mal… no es tarde para nada… usted siga en lo suyo ¿sí? —El señor lo miró con una cara rara, no entendía el comportamiento del joven para nada.
—Mi celular no está averiado… ¿Esto se trata de una broma de mal gusto? —Con que eso era celular. Stephan rápidamente se las ingenio para que Robert continue en su periódico.
—No es una broma… verá… soy fotógrafo. Lo vi leyendo el periódico muy atento y a gusto, me gustaría sacarle unas fotos para un trabajo… ¿Estaría bien?
El señor seguía con cara de pocos amigos, pero finalmente aceptó. Stephan estaba muy nervioso, debía lanzar esa flecha sea como sea, pasará quién pasara la lanzaría. En las indicaciones decía que se trataría de una mujer con vestido rojo, pero esta parte de la ciudad estaba tan desolada, que así pasara una anciana de 80 años tendría que lanzar la flecha.
—Bien, usted siga haciendo lo que hacía mientras yo tomo la foto. Luzca natural, creo que leía su periódico, siga en eso…
El señor muy incómodo intentó posar ´´natural´´ mientras Stephan fingía tomarle fotos con una imitación de cámara recién inventada por él. Genial ya había gastado su invento del mes. Su padre le había regalado por su cumpleaños la opción de replicar algún invento humano para investigarlo únicamente una vez al mes. Obvio eran replicas, realmente no funcionaban, pero servían para que cada Cupido pueda estudiarlo y familiarizarse cada vez más con el mundo humano.
—Mmm… pose más natural, se ve forzado —comenzó a decir Stephan rezando para que alguna persona se cruce de una vez. —Tal vez estaba en otra página antes, no lo sé…
—Lo siento joven pero no estoy para esto, yo me voy.
—No, no, miré, solo tiene que abrir el periódico así —Stephan le arranchó el periódico ya desesperado sin saber que más hacer, no quería ser castigado ni mucho menos estudiar un año más, de pronto, una imagen cayó de entre el periódico. Una mujer sonriente con vestido de flamenco posando ante la cámara. ¡Eureka! Con que eso era y sí uno puede tener un amor platónico, eso lo aprendió en primer año, no recordaba si los flechazos para eso eran diferentes, pero que importaba.
—Dame eso —le arranchó el señor la fotografía refunfuñando.
—Lo siento, lo siento. No quería dañarla, me gusta ese vestido rojo, ¿quién es esa señora si no es indiscreción preguntar?
—No es de tu incumbencia niño —le respondió Robert ya sacado de sus casillas. Pero ¿cuándo los jóvenes se habían vuelto tan preguntones? ¿Por qué no solo se sumergía en su celular como los demás?
—Bien bien, no lo molesto más, solo una última foto y terminó, por favor ¿sí?
—Como sea, sólo te ayudo porque mi hijo también estudia fotografía, espero que no este molestando a otras personas por ahí.
Stephan forzó una sonrisa, ya era momento de disparar la flecha. —Bien, usted siéntese ahí, mire la fotografía con cara pensativa mientras yo tomo la foto y no se mueva.
—Rápido niño —le dijo Robert ya en su posición.
Stephan se puso a espaldas de Robert, sacó la flecha junto al pequeño arco y mientras Robert contemplaba la foto de su amada, ¡zas! Ya había disparado, fuera de tiempo, pero lo había logrado. Stephan soltó un suspiro de alivio, ¿Quién diría que ser Cupido sería tan complicado? Y eso que según su hermano la tarea de hoy había sido sencilla. Que estrés, habría que estudiar mucho más para la siguiente tarea. Y él que creía que ser cupido era pan comido.