El Inicio de los Juegos

2300 Palabras
El rey redactaba las normas, las condiciones y los requisitos para participar en los juegos Olímpicos. Una vez finalizado el documento se le era enviado al taller de imprenta y serigrafía. Ellos se encargarían de duplicar gran cantidad de copias del mismo ejemplar, para luego ser entregadas a los pregoneros. Los pregoneros eran funcionarios públicos al servicio del rey o señor feudal que leían el pregón o anuncio oficial y después lo dejaban clavado en algún emplazamiento público, como la puerta de la iglesia o una plaza. Un grupo de pregoneros se disponía a fijar los carteles y a leerlos públicamente y así dar el anuncio oficial del rey en relación con los juegos Olímpicos. En la mañana del lunes, en el gran mercado de la plaza mayor, se hizo el primer anuncio. —Buenos días, su atención, por favor. Damas y caballeros, se hace público el decreto del rey en lo que se refiere a las normas y los requisitos de participación de los juegos Olímpicos de Atenas. Leo el manuscrito: —Normas y sanciones, los que quieran participar deberán ser hombre y de condición libre, tendrán que hacer el entrenamiento reglamentario en la ciudad de Elis y prestar el juramento ritual. —Con respecto a la presencia de mujeres, las casadas o viudas están prohibidas a la asistencia los juegos. —Fin de la cita. Indicó con voz fuerte y clara diciendo sus palabras a la audiencia en general. El pregonero del rey clavó los carteles en puertas, tabernas, árboles y tableros en la plaza pública. Los otros pregoneros hicieron lo mismo, siguiendo el mismo procedimiento. Se registraron algunas mujeres en las carreras de carros de los juegos, pero esto es debido a que en esa prueba se premiaba al propietario, no al participante. Un año antes del comienzo de las competiciones, los atletas que aspira a participar debían entrenarse en su propia polis con un mes antes de la torre balines, ciudad situada a 50 kilómetros de Atenas. La condición de griego era indispensable para poder participar como requisito. La duración de los juegos era de 5 días y que los diferentes concursos llegaron a ser 23, sin incluir entre los musicales o cultural. En las vísperas de los Juegos Olímpicos, jueces, atletas y entrenadores abandonaban gelish y se dirigían a Atenas ante el altar de Zeus, los atletas, padres, hermanos hacían un juramento que no iban a delinquir en nada contra los Juegos Olímpicos. Seguido los atletas también hacían un juramento manifestando que durante 10 meses sucesivos habían seguido estricta las normas del entrenamiento. El festival olímpico comenzaba con sacrificios rituales en honor de Zeus y de Pélope. Al día siguiente empezaban los eventos competitivos, el primer día se realizará unas competiciones para niños: carrera y pugilato y lucha, el segundo día estaba destinado a las carreras de adultos (estadio, diaulo y dólico) y también a la lucha, el pugilato y el Pancracio. Estas pruebas continúan durante el tercer día y, por la tarde, se desarrollaba la carrera con armas. El cuarto día empezaba con la prueba de pentatlón y por la tarde se desarrollaban las actividades encuentres en el hipódromo. En el quinto día, tenía lugar las carreras de carros tirados por caballos, que eran el espectáculo olímpico más emocionante. Era la jornada aristocrática por excelencia debido a que se trataba de la prueba más costosa. Seguido como El vencedor era el dueño de la cuadrilla o el caballo ganador podía hacerlo una mujer. El sexto día era el cierre de los juegos, se ejecutaban una profesión de Acción de Gracias, un banquete para los vencedores y la entrega de premios. Como premios, los ganadores de las diversas pruebas, eran aclamados por el público, les arrojaban flores y hojas frescas y recibían un premio qué consistía en una corona de olivo salvaje. También existía la costumbre de una cinta de lana en la cabeza del vencedor. Además, en épocas posteriores se otorgaba también al vencedor una hoja de palma, en las ceremonias la entrega de Premios se realizaba en la entrada del templo de Zeus. Seguido Los Heraldos proclamaban el nombre, en lugar del nacimiento, el linaje y la prueba de cada uno de los vencedores. Seguido esto se presentaron con una cinta ceñida a la cabeza y la rama de palma en la mano derecha y el Helanódica más antiguo los coronaba con la rama de olivo. También se permitía que los vencedores pudieran dedicar una estatua con su imagen como conmemoración de su Victoria. Por otra parte, los nombres de los vencedores también figuran en un registro oficial. Al regresar a sus polis, los ganadores eran recibidos como Héroes; poetas y oradores narraban sus hazañas en algunas ciudades, recibían recompensas monetarias por sus historias. Seguían llegando más competidores y las casas de apuestas asentaban los registros. -Hagan sus apuestas, gana o pierde, victoria o fracaso, ustedes deciden quién gana, así decía el hombre el caza fortunas. Apostaban a que la competidora no llegaría a ganar, y que, en la mitad de la vuelta de la carrera, el carro se volteara. Las mujeres apostaban a favor de los invictos ganadores, al final de cada contienda o lucha, recogían sus ganancias. El mercado daba para todos, los competidores eran patrocinados por las casas de apuestas, al final los ganadores de la contienda, recibían sus frutos en bolsas de telas, cargadas de monedas de oro. Las mujeres al competir, obtenían muchos beneficios, aparte de que ganaban fama y dinero, eran contratadas para actuaciones, en muchos casos se convertían en embajadoras, no solamente del deporte o de la disciplina que representaban, sino también, del ámbito político, algunas, llegaron a ocupar cargos en la administración pública, porque eran muy respetados por sus comunidades, y el pueblo las tenía en un pedestal, como si fueran Diosas. No podían faltar los cuenta cuentos, que recrean historias fantásticas de los competidores, dándoles poderes o atribuciones mágicas, como si fueran seres tocados por los Dioses. Debido acuerdo debido al acuerdo entre reinados y ciudades, se les permitió a los macedonios participar también en los Juegos Olímpicos. Filipo 2 ganó en la carrera de carros en tres olimpiadas consecutivas. Lo mejor y lo más brutal, se había dejado para el final, ya se anunciaban en las gradas de todos los estadios, todos los espectadores entonaban cantos de batallas, y mientras la algarabía subía de tono, fueron interrumpidos por las trompetas marciales, seguido de los instrumentos de percusión, anunciaban las competencias de luchas amateur, solo los más fuertes, los más experimentados en batalla, se hacían presente en la arena. En la arena de batalla, se evocaban a las más grandes hazañas y técnicas de combate, al sonar de los cueros danzantes de los instrumentos de percusión, como si de una ejecución se tratase, en un ambiente hostil. No había tiempo de arrepentimientos, no había rendición en esta competencia, la lucha era hasta el último aliento. De pronto fueron llamados por ciudad, y cada gladiador se fue acercando a la arena conforme a sus llamados respectivos. Cada guerrero tenía una estatura de 1.95 metros, la menos estatura tenía, medida 1.90. Eran la liga de los pesos pesados, cada gladiador lucía su musculatura y sus venas sobresalían de sus abruptas piernas y brazos. De último entraron los Espartanos, y el público se puso de pie, la algarabía se subió de un tono ensordecedor, las gradas temblaban de euforia, las mujeres que estaban presentes se quitaban sus atuendos o prendas y las lanzaban a los aclamados gladiadores, muchas de ellas lloraban, otras gritaban, eran los hombres y las mujeres que entonaban cantos de batalla y las apuestas no se hacían esperar. Por la banca y todas las gradas pasaban los cazadores de fortunas diciendo: —10 a 5 que gana Esparta, quién da más, así indicaban los recolectores de dinero, las apuestas se triplicaron en menos de quince minutos, el dinero corría como un mar de monedas de oro. — Que inicien la contienda, anunció el presentador con fuerte y clara. Los carros eran salados por caballos salvajes adornados con armaduras brillantes, los carruajes eran de dos ruedas y en él iba el guerrero participante, mientras del otro extremo de la arena, estaba otro carruaje con las mismas características físicas, cuando soltaron la flecha encendida en llama al firmamento, iniciaba el combate. Los carruajes se comenzaban a desplazar con la fuerza y el vigor de sus bestias, cruzando y rodando sus ruedas de madera que rechinaban al tropezar, al llegar a las esquinas de la arena, los contrincantes giraban sus carruajes para coger nuevamente el impulso, y en dónde los participantes se les permitía sacar sus armas. Primero fue la lanza de madera sin filo, pero con una punta redonda de hierro, que al golpear fuertemente contra el oponente provoca el grito de dolor más aterrador que jamás pudieras escuchar, algunos caen al primer golpe, otros seguían como si nunca hubieran sido tocados. Volvieron a llegar a las esquinas y con el mismo impulso se volvían frente a frente, pero esta vez sacaban escudos y sables, que al acercarse se sentían y se escuchaba el choque entre hierros y maderas cubiertas de metal, era un ruido seco que producían los metales al chocar con sus respectivas armas de defensa. A la tercera vuelta, volvían a estar los carruajes frente a frente, pero esta vez, alguno de los escudos debía quedar sentido o roto, porque los sables en sus mayorías quebrantan los escudos. Y de pronto el No hay sugerencias guerrero espartano lanzó su más fuerte grito a mano alzada, pasando su poderoso acero por el brazo del contrincante, hasta llegar cada quien, a las respectivas esquinas, pero algo pasaba, el brazo del contrincante se hacía en el piso, y el público reaccionaba con retraso, era una imagen Barbara y aterradora, la expresión del público era de mucha impresión, pero al asimilarlo en sus conciencias vacías, sentían placer por lo que veían. El contrincante se encontraba casi a punto de rendirse, le faltaba un brazo y comenzaba a sentir el frío por todo su cuerpo, era mucha la sangre que había perdido, sus ojos enfocaban con mucha dificultad y el mareo se veía venir. Pero sin embargo, el contrincante, no podía rendirse, a pesar de que su destino era morir, tenía que morir luchando, y sacó fuerzas de donde no las tenía, se dio media vuelta y colocó su carruaje de frente al atacante, y está vez sacó la cuerda de acero y la hizo girar con la mayor fuerza y la lanzó con el único brazo que le quedaba, la cuerda parecía un Bumerang que daba vueltas, y medida que alcanzaba el objetivo envolvía a su víctima, amarrando todo su cuerpo y la víctima terminaba perdiendo el control de su carruaje, finalmente caía al piso como un saco de piedras y en ese mismo instante, el guerrero de un brazo, sacó su daga y se lanzó cuerpo a cuerpo sobre su víctima empuñando su daga en dónde mejor podía. El espartano se retorcía en el piso al sentir la puntada en su costado izquierdo, atravesando su riñón. Eran dos guerreros gravemente lesionados, ninguno se movía del piso y los jueces al ver la escena daban por concluida la contienda, dando un empate. Salieron los curanderos y el personal de salud para atender a los lesionados. Para el contrincante mutilado, que representaban el reino del príncipe Demetrius, no le quedaba esperanza de sobrevivir, aunque los esfuerzos por salvarlo fueron con el mejor de los casos, el más rápido y el más adecuado, era casi que imposible recuperar el pulso y el ritmo cardíaco, eran mucha la sangre perdida. Los curanderos hicieron suturas y lograron detener por completo la hemorragia, era cuestión de tiempo y si los dioses le daban una oportunidad de vida para revivirlo. El contrincante de Esparta que representaba al príncipe Alexander, se hallaba acostado de forma podálica y era atendido por los curanderos. El procedimiento era muy parecido al que habían hecho con el otro contrincante, limpiaban la herida y finalmente hacían suturas para cerrar la herida. Demetrius se encontraba en la banca de sus guerreros y observó una parte de la contienda, pero a pesar de su molestia en contra Esparta, se sentía satisfecho con su guerrero, había puesto en alto el nombre de su reino. Por el lado de la banca de los Espartano se encontraba Alexander, con una sonrisa que no podía disimular, y con el orgullo por todo lo alto. Para muchos había ganado Esparta, porque era el menor lesionado, y claro ahora quién ganaba o se quedaba con todo ese dinero de las apuestas, pues las reglas del juego eran claras, si hay empate la casa de apuesta gana. A pesar de que las apuestas se habían triplicado, los apostadores se sentían satisfecho con las escenas vividas. Eran muchos los cuentos y las historias que saldrían a relucir. Por otro lado, Demetrius no le quitaba la mirada a Alexandre, era de esas miradas furtivas y de que te quiero matar pobre infeliz. Alexandre, respondía a su mirada alzando sus brazos en señal de victoria sin quitarle la mirada de encima. Lo mejor y lo peor estaba por nacer entre dos poderosos líderes guerreros. ¿Pero qué pasará? ¿Se enfrentarán al final por demostrar quién es el mejor y el más fuerte? En ese mismo instante entraba la princesa a recibir a Alexandre y con mucho afecto se abrazaron como dos viejos amigos que se conocían desde la infancia e hicieron ese saludo que recordaban y hacían de niños y finalmente sus ojos se conectaron con el profundo azul de sus miradas. Demetrius observaba con rabia en su rostro, sacó su espada y la clavo en un banco de madera, dio la espalda y se retiró sin dejar rastro alguno.
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