La Clausura de los Juegos

1246 Palabras
Era el final de los juegos olímpicos, y quedaban aún, algunos competidores. Unos calentaban en la banca alzando pesas o haciendo ejercicios de estiramiento y otros hacían trotes estacionarios. En la entrada de cada banca respectiva, se alistaban para salir los competidores, esperaban turno. Estaban muy atentos de las técnicas de otros competidores. Los Espartanos eran muy constantes con el entrenamiento, y su resistencia la ponía aprueba todos los días, así como su paciencia también, para ello dedicaban unas horas a la meditación. Terminada la contienda, entrarían los siguientes competidores, y esta vez le correspondería a Mesopotamia, que también representaba un ejército numeroso y constante, con mucha disciplina. Esta vez la lucha sería sin carruajes, la mayoría estaban destrozados por otras contiendas, sin embargo, esto no era motivo para desistir de la participación, el espíritu competitivo está más encendido que nunca. Los competidores se miraban uno a otro, los de Mesopotamia dieron el primer salto hacia los de Gaia alzando su sable con su mano derecha, se escuchó el Impacto en el escudo, el gladiador de Gaia responde sacando su cuerda de acero en forma de cadenas, que tenía una bola negra de púas en la punta, haciéndolo caer de espaldas, su pierna quedó adherida a la bola negra y a la cadena, de pronto la cadena fue jalada y el competidor fue arrastrado por toda la arena, como un animal atrapado y cazado. Al ver que no podía Zafar su pierna, sacó su sable para intentar cortar la cadena, fallando en el primer intento, volvió a hacer un segundo intento y logró contar la bola negra, pero aún seguía atado a la cadena, seguían arrastrándolo por toda la arena y el púbico gritaba y aplaudía muy enérgicamente. El gladiador abatido volvió a hacer el tercer intento, pero esta vez lanzaría su sable en forma de búmeran, y fue haciendo giros y giros hasta llegar al cuello del contrincante, haciendo caer su cabeza, como una bola rodante. En ese mismo instante la euforia se apoderó del público en general, así pudo levantarse Mesopotamia, obteniendo su quinta victoria del torneo. Llegaban los que limpiaban la arena y recogían los restos en bolsas de telas, mientras hacían una pausa a la siguiente competencia. Una vez que la arena se encontraba despejada, iniciaron el llamado los equipos gladiadores de Mesopotamia, seguido llamaron a los de Atenas y de pronto el público se levantó de las gradas y comenzaron a aclamar a sus gladiadores, lanzando flores con símbolo de respeto y reconocimiento. Los competidores salieron con sus escudos y sus lanzas. Los primeros en lanzar fueron los de Mesopotamia, dos de sus lanzas cayeron por la espalda de los competidores de Atenas, sin causar ningún daño, la tercera lanza aún seguía en manos de uno de los gladiadores que se aferraba a ella, como si se tratara de un apoyo. Atenas se movía de un lado a otro, no se quedaban en el mismo lugar, era difícil poder acertar un lanzamiento con tantos movimientos impredecibles. Atenas comenzó una carrera en círculo, alrededor de sus contrincantes, y una vez que fueron rodeados, sus lanzas iniciaron movimientos de ataque, clavando una de ellas en la pierna de uno de los gladiadores de Mesopotamia, uno reaccionó con una fuerte patada al escudo de uno de los gladiadores de Atenas, finalmente cayó con el empujón. El que había recibido la lanza en la pierna, el luchador de Mesopotamia, se apartó del grupo y se sacó la lanza que atravesaba su pierna, primero la partió haciendo fuerza con sus dos y corpulentas manos y finalmente la sacó por ambos extremos, se dio media vuelta y se lanzó cuerpo a cuerpo sobre uno de los guerreros, llevándolo al piso, subió sus brazos y cogió un fuerte impulso en su puño directamente a la cara del contrincante de Atenas, dejándolo aturdido del impacto, de pronto prosiguió con el segundo golpe, pero esta vez mucho más fuerte y contundente que el primero, acertando en la cien, directo a la coronilla, dejando al contrincante inconsciente. Del mismo modo hicieron lo mismo sus compañeros y se lanzaron en una lucha cuerpo a cuerpo, repitiendo los mismos actos, pero solo llegaron alcanzar un golpe, cuando intentaron el segundo remate hacia la cara, unos escudos terminaron por repeler el golpe que les esperaba, y con dificultad para ver, se apartaron del ataque, hasta que recuperaron la visión. Eran dos contra uno, a favor de Mesopotamia. Atenas había perdido uno de sus luchadores, quedando en el piso inconsciente. Aunque los luchadores estaban aturdidos y cansados, el de Atenas no se quedaba quieto, ni un segundo, y jugó a agotar a los de Mesopotamia, ganando tiempo, cuando vio que no acertaban ningún golpe contra él, los empujo fuertemente uno a uno con su escudo, cayendo al piso los dos de Mesopotamia, finalmente cogió la lanza y la lanzó con todas sus fuerzas al abdomen de uno de los gladiadores de Mesopotamia, dejándolo inmóvil contra el piso, mientras que con la otra mano lanzó su escudo contra el cuello del gladiador de Mesopotamia que se trataba de levantar, dejándolo sin aire e inconsciente. La victoria había sido para Atenas con un hombre en pie. El público se levantaba eufórico y gritaban de júbilo a favor de su selección, entonaron cantos de alabanza y lanzaron flores nuevamente a su gladiador victorioso. Eran las tres de la tarde y quedaban tres competencias, las últimas eran también, categorías de combate, pero esta vez eran en equipo de a dos personas, para un total de cuatro participantes en total. Mientras tanto, en la enfermería se encontraban en camillas de madera cubiertas de sabanas, se encontraban los lesionados, rodeado de arqueros, que lanzaban flechas al aire, para espantar a las aves de presa y a aquellas que se alimentaban de desperdicio. Aunque colocaban barriles de vapor con flores perfumadas para ambientar y alejar los malos olores, se mezclaba entre olor fétido y las flores Silvestre, generando un aroma un poco desagradable a óxido. Después de la pausa, continuaron los eventos, esta vez la arena, se complacía en recibir al equipo de Mesopotamia y, por otro lado, al equipo de Atenas. Las apuestas corrían a favor de Atenas, por ser la ciudad anfitriona de los juegos, y por el sentido nacionalista que sentían sus ciudadanos, su deber era apoyar a su selección a pesar de que el otro equipo tenía los mejores gladiadores, así debía ser. Finalmente, se anunció la clausura de los juegos, con la presencia de la princesa, quien la acompañaba el príncipe de Esparta, Alexandre y el rey Helios. El rey se sorprendía de no ver en la grada al príncipe Demetrius, aunque supuso que la presencia de Esparta lo aturdiría o le molestaría y seguramente se toparon de vista. Eso pensó el Rey Helios al ver muy juntos a Esparta con Atenas. Helios dio las gracias a todo su pueblo y a los participantes también, dio unas palabras a los fallecidos y les deseó pronta recuperación a los lesionados, sin más que agregar se procedió a la clausura de los juegos. Aun el pueblo celebraba, a pesar de que había concluido los juegos, las borracheras seguían, las cantinas, seguían de fiesta, día y noche. Alexandre fue recibido como huésped de honor, así como sus guerreros también. Llegada la hora de la cena, se dispusieron a comer e intercambiaron algunos recuerdos e hicieron unos comentarios sobre los juegos, bebieron y dieron gracias a los dioses por la celebración.
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