El Consejero

1323 Palabras
Desde la partida del príncipe Alexandre hacia Esparta, no se sabía nada del príncipe Demetrius, según; se mantendría un poco ocupado en unos asuntos por resolver en sus tierras. —El rey Helios preguntaba a sus consejeros, si sabían algo de Demetrius. —No, mi rey, según la última vez, iba a resolver unos asuntos con unas tierras que forman parte de su reino, respondió Marcus muy amablemente. —Si llegan saber noticias de él, por favor me informan. Dijo Helios con una vos suave y una mirada fija en Marcus. —¿Algún problema Helios?, preguntó el consejero a su rey. —Llevo muchos años sirviéndote mi rey, y sé que algo te preocupa, dijo Marcus al dirigir su mirada a Helios. —No es una preocupación, aunque te confieso, que desde que estuvo Alexandre aquí, Demetrius se asentó, no te distes cuenta de ese detalle, dijo el rey con vos dudosa. —Bueno, mi señor, en los encuentros olímpicos, ellos tuvieron sus encuentros y los guerreros de Demetrius, no quedaron muy parados delante de los guerreros de Alexandre, pienso, que hay un poco de molestias en ese aspecto, específicamente mi señor, es cuestión celos también. —¿A qué te refiere con celos? Marcus. Le preguntó el rey —Para nadie es un secreto, que la princesa Amanda tiene fuertes lazos afectivos con Alexandre, respondió Marcus con vos risueña. —Ellos se conocen desde infancia Marcus, y son muy buenos amigos, dijo el rey. — Si de eso no hay duda Helios, pero más que una amistad, ahí está el comienzo de una nueva relación, respondió Marcus. —Tú me quieres decir que hay algo más profundo entre ellos?, ¿y desde cuándo?, preguntó el rey. —Muy simple Helio, desde el mismo día en que el príncipe Alexandre pisó estas tierras. Respondió Marcus mirando fijamente a Helios. Marcus veía que el rey no veía las cosas con claridad, y que su hija correspondía muy bien a Alexandre, y sin darle más detalle al rey, concluyó diciendo. —Debes evaluar, ahora, la posibilidad de una unión entre ellos, e inclusive, aunado a los problemas que se avecinan, Esparta sería un buen aliado para nosotros, respondió Marcus. —No pongo en duda tus opiniones, Marcus, pero sabes que Maximus, no aprobará esa unión, por los conflictos pasados con nuestros antepasados reyes, respondió Helios. —Sí, tienes razón Helios, pero ellos son jóvenes y en su ideal de enamorados, harán lo imposible por estar juntos y más aún tu hija, no permitirá que los separen. —No conoces a tu hija, ella es muy apasionada y las personas con metas en la vida, harán lo que sea necesario para luchar por sus ideales y lo defenderán cueste lo que cueste, respondió Marcus. —¿Y como quedaría Demetrius con todo esto?, preguntó el rey. —Perderías por completo a un aliado, y ta vez se convertiría en un enemigo de tu reino, respondió. —¡No creo!, que, Demetrius se vuelva enemigo de Atenas, dijo Helios — El príncipe es una persona con aptitudes resentidas, eso lo demostró el domingo en la clausura de los juegos, debes cuidarte de él, dijo Marcus. —Tú estás exagerando las cosas Marcus. —Tus aliados hoy están, pero si cambian sus intereses, créeme que se voltearan. —A Demetrius, lo único que le importa es acumular poder, es inescrupuloso, resentido y vengativo, si no lo tomas en cuenta, simplemente, lo tomará como una traición. —Y Demetrius como enemigo es peligroso, dijo Marcus. —Y entonces que esperas que haga entonces Marcus. —Cuando la amenaza es eminente, a veces toca hacer limpieza mi rey y más aún si esa estaca se te clava en el pie, no te dejará caminar, hasta que la saques, respondió Marcus. —¿Me estás proponiendo, que mate a Demetrius?, consejero. — Te estoy hablando de vías, y de posibles salidas, te estoy poniendo el mazo para que juegues y no pierdas la partida. — Te entiendo perfectamente Marcus, y respeto la visión que tienes, en los años que llevo conociéndote, has acertado más del noventa y cinco porciento de tus predicciones, respondió el rey. —Si fueras brujo o hechicero, serías muy poderoso y se rieron los dos a carcajadas. — No hay que ser hechicero, para ver lo que se te avecina, querido amigo y para eso estoy aquí, para disipar todas esas sombras que te persiguen. — Yo, como que creo, también, pienso, no sé, dijo yo, ahora responde Marcus: ¿No te simpatiza Demetrius, Verdad?, y miró fijamente a los ojos. —¿Quieres que te responda con sinceridad Helios?, —Él se encargará de que tu hija se sienta infeliz, como una basura, y la hará sufrir mucho, eso estoy seguro — No es más respondido la pregunta Marcus, esquivas mi pregunta con una declaración, dijo Helios. —No, mi rey, no me cae muy bien, lo detesto como ser humano, respondió Marcus. —No te quiso razón, Marcus, eres una persona idealista y sobre todo con una lata percepción y te respeto mucho por eso y te considero una pieza importante dentro del ajedrez del reino, dijo Helios con vos orgullosa, dirigiendo su mirada con seguridad hacia Marcus. —Dame un abrazo, viejo amigo y tomemos una copa, dijo el rey. —Copa que acepto con mucho gusto mi rey, respondió Marcus. El rey y el consejero, se fueron caminando por los pasillos del palacio hasta llegar al salón de recepciones, se sentó en su trono, y un empleado del servicio, se acercó a ver si se le ofrecía algo al rey. —¿Se le ofrece algo a su majestad el rey?, preguntó el joven del servicio real. —Sí, hijo, tráenos una jarra de sangría y dos copas, por favor, respondió el rey. —Enseguida mi Sr. con su permiso. Dijo el joven del servicio. —Aunque no me lo esté preguntando mi rey, ¿le doy un consejo?. —Si claro, por supuesto Marcus. Respondió el rey. En eso entró una joven muy bonita con el cabello castaño rojizo y una piel blanca de porcelana con pecas en la cara, Marcus no podía dejar de verla. —Marcus se acercó y le preguntó: ¿Cómo te llamas muchacha? — Me llamo Anastasia, mi Sr. y nací en Atenas, respondió con vos dulce y melodiosa. —Pero tu belleza va más allá de estas tierras, dijo Marcus. — Gracias mi Sr. será porque mi madre es de Anatolia y mi padre es de Atenas, respondió. —De Anatolia?, de Troya supongo, preguntó Marcus —Sí, mi Sr. respondió un poco sonrojada al ver que Marcus la miraba de arriba abajo, como cuando un lobo hambriento observa a su presa. —Permíteme ayudarte, dijo Marcus muy caballerosamente. Marcus tomó las copas y le hizo gestos a la muchacha que por favor sirviera Anastasia sirvió con mucha elegancia y se quedó con la jarra de sangría esperando instrucciones. Marcus se acercó al rey y extendió su mano para entregar la copa servida al rey. —Marcus, si gustas que Anastasia, nos acompañe, ¿no crees tú?, le dijo a Marcus, mirándolo con cara de picardía. Anastasia bajó su mirada, pero con una sonrisa en su rostro un poco disimulada. —Marcus respondió: sería muy grato que nos acompañase con una copa de vino y se una, respondió. —Con su permiso, busco una copa y vuelvo, dijo la muchacha. — Valla, aquí le esperamos, respondió el rey. Anastasia hizo reverencia y se retiró para buscar la copa. Había una mesa redonda pequeña y Marcus colocó la jarra de sangría ahí. Al rato llegó Anastasia con su copa. Marcus le sirvió y juntos bebieron del mejor vino tinto en una Sangría preparada con las frutas más frescas que el reino pudiera ofrecer. Y por un largo rato: El rey, Marcus y Anastasia rieron y bebieron...
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