Lisette miró a su esposo que estaba serio, a pesar de escuchar al sirviente de la situación que estaba pasando, no parecía preocupado por la joven prima que fue secuestrada. Ella misma no sabía que sentir en este momento, pero lo sentía por el tío de Valreth por perder a un hijo que no se sabe lo que estaba ocurriendo en ese momento. —Eso no es todo —continuó el sirviente, su voz apenas un susurro—. El reino está atravesando una sequía devastadora. Los campos están secos, los pozos se están quedando sin agua. Y como si no fuera suficiente, una peste ha comenzado a afectar a los animales. El ganado está muriendo, y pronto no habrá carne para alimentar al pueblo. Valreth intercambió una mirada con Lisette. Ambos entendieron lo mismo en ese instante: habían llegado al corazón de una crisi

