Lisette, que se encontraba cerca de su esposo, Valreth, no vaciló en replicar con calma, mirando fijamente a Lord Saren mientras su esposo mantenía la espada en mano, aún en tensión. Sin embargo, Lisette no sentía miedo en absoluto. Sabía que la rabia de Lord Aldemar podía ser peligrosa, pero no se dejaba intimidar. —Y lo has matado —dijo, su tono firme y directo. Valreth observaba con cautela, sintiendo la pesada carga de la situación. Tenía ante él a cuatro personas con sangre Saren en sus venas, individuos que, por derecho propio, poseían un poder imponente. La bendición de la luna les había otorgado talentos excepcionales a una edad temprana, haciendo de ellos una amenaza formidable. Valreth sabía que un enfrentamiento con ellos no sería sencillo, especialmente considerando lo que

